Lecciones del invierno

Las lecciones dejadas por la época invernal deben ser lo suficientemente aprendidas tanto por la ciudadanía como por las autoridades, es especial los alcaldes, prefectos y juntas parroquiales rurales.
No puede ser que, cuando ocurren fenómenos naturales como los experimentados durante la semana anterior, se den cuenta de que se ha construido viviendas u otras infraestructuras en las orillas de las quebradas, o estas sirven de escombreras y de basureros.
O que nadie tome en cuenta al momento se desviar el curso de riachuelos, incluso de ríos, como sucede en el valle de Yunguilla, donde por la explotación indiscriminada de áridos, el natural recorrido del agua ha sido desviado, rellenadas las pozas con lodo y arena, socavadas las laderas que sirven de soporte y los peñascos que soportan el embate cuando crecen.
La tala indiscriminada de árboles, los incendios forestales que acaban con la vegetación que sirve de esponja para regular, a lo natural, el agua lluvia, la expansión de la frontera agrícola y ganadera, o de construcciones con fines turísticos a lo largo de grandes tramos de ríos, también repercuten.
Llamados de atención, hasta pedidos solícitos para que el vecindario que habita en las ciudades limpie los sumideros, o por lo menos no arroje basura, son desoídos, a pretexto “de que para eso están las autoridades”.
La naturaleza es impredecible. Nadie, por ejemplo, advirtió que el invierno de 2026 sería letal. Cuando menos se esperó, sus estragos dejan vías destruidas, viviendas colapsadas, inundaciones, muertos, heridos y cientos de damnificados.
En el caso de Cuenca, sus cuatro ríos son parte de su belleza paisajística. Pero cuando crecen, como sucedió entre el miércoles y jueves anteriores, se desbordan, arrastrando árboles, carcomiendo sus orillas, ingresando el agua a las viviendas, llevándose puentes frágiles, animales.
Vale preguntar a las autoridades: ¿Semejantes lecciones serán tomadas nota?

REM

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REDACCION EL MERCURIO