En el Ecuador, los maestros celebrarán hoy 13 de abril, su Día, laborando en la Costa; los de la Sierra y Oriente preparándose para retornar a las aulas.
Antaño, las celebraciones solían ocurrir exigiendo reivindicaciones económicas, más presupuesto para la educación, más infraestructura y que ninguna escuela o colegio se quede sin maestros.
Empero, no han sido satisfechas del todo. En la ruralidad persiste la falta de maestros. Hay planteles en condiciones poco funcionales.
Si eso es un retroceso, con mayor razón si en muchas escuelas y colegios de zonas rurales y periurbanas, a un servicio que ahora es básico, el internet, no todos acceden; y si hay disponibilidad las familias no tienen los recursos suficientes para pagarlo.
La deserción escolar es otro fenómeno recurrente.
Como es habitual en estos últimos años, los maestros también son víctimas de la violencia. Son amenazados por bandas delictivas, son extorsionados, hasta deben “lidiar” con hijos de padres dedicados al delito.
Este es el lado perverso de una realidad social triste, que toma otra pendiente cuando niños y adolescentes son reclutados por bandas criminales; o, en otros casos, se dedican a consumir drogas desde tiernas edades.
Aun así, lo maestros no renuncian a su vocación; mientras otros se preparan para seguir esos pasos, en consonancia con el legado dejado por sus predecesores, entre ellos, Juan Montalvo.
Igual, han debido habituarse a esa nueva modalidad, cuestionable para muchos, de que, a pretexto de respetar los derechos de la niñez, ni siquiera deben mirar de reojo a sus alumnos; peor llamarlos la atención por más que cometan arbitrariedades, no cumplan con sus tareas, so pena de ser sumariados.
La disciplina como que ya no es parte del aprendizaje integral. Hay falencias de fondo, que luego se trata de subsanarlas en el colegio, donde tampoco se consigue.
Los maestros, bien merecido tienen el aplauso nacional en este su gran Día.





