Nadie quiere que la obra pública comience a fracasar en cuanto se la ponga al servicio de la gente.
Pero eso no significa que su construcción se duerma en el tiempo, por más dificultosa que sea.
No se pretende contradecir a la técnica, pero la construcción de las obras de emergencia y rehabilitación vial que se ejecutan en el kilómetro 50 de la carretera Cuenca-Girón-Pasaje, cuatro o cinco meses después de que dieron inicio, comienza a impacientar a pasajeros y conductores.
Dada la magnitud del problema, consecuencia de un gran deslizamiento y la consiguiente destrucción de uno de los carriles, su rehabilitación toma su tiempo, peor al tratarse de una pendiente.
Empero, valdría considerar que los trabajos pueden acelerarse, reiteramos, sin renunciar a la calidad.
Para muchos de quienes circulan por ese tramo, les parece que la lentitud ha hecho mella, con mayor razón si la obra base, la más difícil, ya está lista.
Si es del caso, vale que la empresa contratada considere aquella preocupación ciudadana, aunque es justo reconocer que casi nunca se cumplió la disposición para que el transporte pesado, como el de volquetes que llevan material pétreo, o los tráileres, circulen por vías alternas.
No está por demás señalar que la citada vía sigue deteriorándose en aquellos tramos donde hay fallas geológicas, hundimientos; y la capa de rodadura, parte ya solo en lastre, y la otra en la cual se retiró lo que restaba del asfalto, es casi intransitable.
Conforme se acerca el fin de 2026, vale recordar la palabra empeñada del ministro de Infraestructura y la del mismo presidente Daniel Noboa: la de firmar el contrato para la rehabilitación integral de la Cuenca-Girón-Pasaje con un crédito otorgado por el Banco Mundial.
Los estudios definitivos para esa intervención, según esas mismas autoridades, ya fueron entregados.
Se sobrentiende que la licitación está en marcha y concluirá con la adjudicación de la obra.




