El Mercurio, uno de los pocos diarios del Ecuador que aún circula impreso, cumple este 22 de octubre 102 años de fundación.
Por supuesto que hay razones para el regocijo. Pero, conviene más celebrarlo con algunas reflexiones.
La libertad de prensa, la de expresión, no pasan por buen momento. Claro, no se viven aquellos tiempos no muy lejanos cuando el ejercicio periodístico fue el principal enemigo al que el gobierno de esas épocas, asumiéndolo como tal, se obsesionó por liquidarlo.
Pese a persecuciones, enjuiciamientos, asfixia económica, burlas en público, exigencias diarias de rectificaciones, aplicadas con la fuerza de una ley oscurantista para restarle credibilidad a la prensa, aquel Régimen, innombrable hasta cierto punto, no logró su ruin objetivo.
Una prueba más de que esos gobiernos se acaban, se convierten en esperpentos, no así la libertad de informar, de investigar, de expresarse si miedo, de hacerles contrapeso.
Nos preguntamos si, con las diferencias del caso, no está ocurriendo ahora lo mismo, solo que con diversos matices.
El periodismo, “el mejor oficio del mundo”, sin que sea del todo correcta la apreciación, está mutando a causa del avance tecnológico.
Sin embargo, la “libertad digital” ha facilitado “la proliferación de pseudo medios, páginas de propaganda y dispositivos digitales que adoptan la apariencia del periodismo sin asumir sus reglas. No informa: intoxican. No verifican: operan”.
Allí el reto de los “medios tradicionales”, con mayor razón el de los impresos: el de fajarse por la verdad, la credibilidad, por contrastar, tareas imprescindibles que vuelven más comprometida y profesional la labor periodística, sin que esto implique llegar a la precariedad por querer que se haga de todo.
Como ha sido su norte en estos 102 años, El Mercurio seguirá cumpliendo su labor con independencia, con ética; poniendo en la cima de su organigrama a sus lectores, a sus anunciantes, a su comunidad. Seguimos firmes. (O)




