Cada vez más al Ecuador se le ve como un país con sobresaltos, por no decir convulso.
Los sucesos ocurren uno tras otro. Unos, orquestados a propósito para desviar la atención pública, porque así lo determina el curso de los acontecimientos. Otros, por incidencia del azar.
Lo preocupante es que uno tapa, apacigua, posterga, la discusión del que ya ocurrió, o se le quiere bajar de intensidad para ahorrase críticas.
Han pasado varios días desde que la gente comenzó a estresarse por las suspensiones esporádicas del servicio eléctrico. Pero desde el poder se busca que sean asumidos como desconexiones o trabajos de mantenimiento. Esto prueba que hasta el lenguaje es usado para tratar más que de disuadir, de engañar.
En medio de esa polémica, se allana del domicilio de la excandidata a la presidencia de la República, Luisa González, mediante un operativo policial de gran envergadura, además de mediatizado.
Coincidencia o no, motines en dos cárceles dejan como saldo ocho reclusos muertos y varios heridos, amén de las evasiones de otros presidiarios, como en el ubicado en Turi, en Cuenca.
Este viernes, en Ambato, un hospital de esta ciudad fue allanado por la Fiscalía, para investigar presuntos actos de corrupción.
Antes, también se allanaron varias oficinas en el municipio de Quito, asimismo por presunciones de corrupción.
Como que ningún alcalde, siempre que sea del oficialismo o busque la reelección patrocinado por él, así no esté convencido de su ideario, está libre de un eventual allanamiento, por más que sea únicamente con fines de investigación, para cuyo efecto se abusa de la prisión preventiva.
Incluso la fiscalización que debe hacer la Asamblea Nacional rebasa su ámbito de acción para entrometerse en los entes seccionales.
Parecen golpes de efecto, no tanto porque se busca un fin en sí mismo, cuanto para tratar de opacar la realidad nacional y con evidente interés electoral.







