Antes de que Morochos Café tuviera nombre, tenía un quemador en la trastienda de un local de productos ecuatorianos en Orange, Nueva Jersey. Ahí, hace 16 años, Gloria Morocho empezó a hacer empanadas y café para sus compatriotas que entraban a comprar recuerdos de Ecuador. No tenía permiso de cocina. Tenía, eso sí, la insistencia de sus clientes, quienes pedían bebidas calientes.
La historia de Morochos Café empezó como la de una tienda de recuerdos. Gloria, junto a su esposo, fueron parte de las primeras familias de Zhiña, Nabón, en instalarse en ese sector de Orange.
Gloria, emprendedora, abrió un local donde vendía objetos, regalos y comida ecuatoriana empaquetada. Con los años, el barrio cambió: de tener pocos vecinos latinoamericanos pasó a recibir a familias de Guatemala, El Salvador y, cada vez más, de Ecuador.
Pero fue el café y las empanadas los que terminaron definiendo el negocio. Poco a poco los productos ecuatorianos empaquetados fueron cediendo espacio a la comida recién hecha, hasta que la exigencia de madrugar y trabajar todo el día —muchas veces sin descanso— pasó factura: Gloria se enfermó y tuvo que volver a Ecuador.
La transformación
Óscar Morocho llegó a Estados Unidos en 2010. Un año antes, su hermano Melitón había hecho lo mismo. Ambos, hijos de Gloria, tenían otros trabajos. Pero a raíz de que Gloria tuvo un problema con su salud, los hermanos asumieron la dirección del negocio, porque se esperaba que su ausencia durase unos 15 días, sin embargo fueron dos años.
Al quedarse al frente del negocio todo cambió. Primero para ellos, porque tuvieron que aprender a cómo funcionaba una cocina, a cómo preparar los alimentos, a atender a los clientes.
«Nos quedamos los dos: yo en la cocina, mi hermano en la panadería, y fuimos intercambiando los roles. Aprendimos viendo tutoriales en YouTube, haciendo el pan de forma empírica», cuenta Oscar.
Los hermanos aprendieron a manejar una caja registradora, a traer más productos y a invertir en mejores máquinas, dejando atrás un proceso que hasta entonces era enteramente artesanal.
Cuando su madre regresó, quiso retomar el negocio tal como lo dejó. Para entonces, sus hijos ya lo habían rehecho a su manera.
Artesanal, pero con sistema
Ese fue, según Oscar, el punto de quiebre: el momento en que Morochos Café dejó de depender de un solo par de manos y empezó a construir procesos. Contrataron al primer empleado, luego a otro, luego a otro más. Hoy los roles están repartidos: el hermano de Oscar se encarga de la tecnología y del recetario; Oscar, de infraestructura, construcción y mantenimiento de equipos.
Entre los dos manejan, además del local original, uno en Irvington y otro recién abierto en West Orange, con 15 empleados solo en Estados Unidos. Pero el crecimiento no vino acompañado de una industrialización total, y esa fue una decisión deliberada. «Podríamos meter todo a máquina, pero hacemos mitad máquina, mitad a mano, para que tenga ese toque humano. Si todo sale idéntico y perfecto por máquina, se pierde eso», explica Oscar.
Inversiones en Ecuador
La familia Morocho no se quedó solo con los negocios en Estados Unidos. En Ecuador decidieron abrir una cafetería en enero de 2025. En Victoria del Portete, en Cuenca, inauguraron Morochos Café. Se adaptaron a la forma de consumir de los ecuatorianos y arrancaron con una inversión que ya había iniciado mucho antes.
La inconsistencia del café y el chocolate que compraban para sus locales en Estados Unidos los llevó a producir. Sin tener mayores conocimientos se adentraron a fincas a buscar cacao y café. En el camino descubrieron que muchos agricultores no tienen dónde vender su cosecha y que terminaban entregándola a grandes distribuidoras.
Con la curiosidad y con las ganas de seguir mejorando, ahora ellos exportan sus propios productos desde Ecuador a Estados Unidos. Es decir, ahora existe una relación empresarial entre ambos países.
Para Oscar, la experiencia deja una lección para otros migrantes que dudan en invertir en Ecuador:
«La mayoría dice que allá no hay dinero, no hay oportunidades. Yo creo que las oportunidades están en cualquier lado; depende de cómo uno trabaje y de cómo vea las cosas. Lo primero es cambiar de mentalidad, tener disciplina y ser curiosos”. (I)












