De sus madres heredaron el oficio de elaborar sombreros de paja toquilla. La pareja de esposos Blanca Baculima y Rubén Monzón decidió convertir ese conocimiento familiar en un proyecto de vida. Con la experiencia transmitida, emprendieron su propio taller, invirtieron en tecnología para perfeccionar su trabajo y hoy comercializan sus sombreros tanto en Ecuador como en los Estados Unidos (EE.UU.).
Su historia comenzó en 1996, sin imaginar el éxito que alcanzarían con el paso de los años. Empezaron con un pequeño taller donde realizaban el tejido, planchado, espeluzado y cortado de los sombreros, que luego entregaban a grandes fábricas encargadas de los acabados finales para su comercialización.
Blanca, de 46 años, recuerda que durante muchos años se dedicaron únicamente a esa parte del proceso. Sin embargo, decidieron endeudarse para adquirir la maquinaria necesaria y convertirse también en los responsables de los acabados, con el propósito de posicionar su propia marca.
En 2015 obtuvieron la visa para viajar a EE.UU. y, tras cumplir con todos los trámites legales, accedieron a una visa de trabajo que les permitió llevar y comercializar sus sombreros en ese país.
Blanca recuerda que los primeros viajes los realizaron con apenas 50 o 60 sombreros, que transportaban personalmente hasta una tienda ubicada en Nueva York y administrada por su hijo mayor. Las piezas eran tejidas por familiares, mientras que ellos se encargaban de darles los acabados con los equipos adquiridos.
Con el tiempo tuvieron que cerrar ese local porque su hijo formó su propio hogar y se dedicó a otras actividades en Miami. Sin embargo, el negocio no se detuvo. Un familiar abrió una nueva tienda en Nueva Jersey, donde actualmente reciben los sombreros para su comercialización.
En la actualidad, Blanca y Rubén viajan cada tres meses a EE.UU. para llevar entre 500 y 600 sombreros, cumpliendo con todos los requisitos aduaneros. Allí sus familiares se encargan de la venta de las piezas.
Su siguiente objetivo es volver a abrir una tienda en Nueva York, esta vez administrada por su segundo hijo, quien también cuenta con la documentación necesaria para residir y trabajar en Norteamérica.
«A veces me toca viajar antes de lo previsto cuando me avisan que ya se terminaron los sombreros», comenta Blanca. Aunque agradece a Dios por tener trabajo, reconoce que no es fácil dejar a sus hijos cada cierto tiempo.
Afirma que trabajar en EE.UU. es una buena oportunidad porque los ingresos dependen del esfuerzo de cada persona. Sin embargo, asegura que no hay nada comparable con la tranquilidad y la unión familiar que disfruta en Ecuador.
Además de las exportaciones, la pareja cuenta con un local en el Centro Municipal Artesanal (Cemuart), ubicado frente a la Plaza de San Francisco, denominado Reina del Cisne, donde ofrecen sus sombreros a turistas nacionales y extranjeros.
Sentimiento y fe para vender los sombreros de paja toquilla
Blanca y Rubén tenían previsto viajar a finales de julio para aprovechar la entrega de sombreros y participar este domingo 2 de agosto en la edición número 43 del Desfile de la Ecuatorianidad, organizado por el Comité Cívico Ecuatoriano en Nueva York. El recorrido se desarrollará por la avenida Northern Boulevard, entre las calles 69 y 87, en el distrito de Queens.
Para Blanca será una experiencia especial, pues tendrá la oportunidad de compartir con miles de compatriotas que cada año participan en esta celebración de la identidad ecuatoriana.
No obstante, su permanencia en EE.UU. será de apenas dos semanas. Su deseo es regresar antes de septiembre para viajar a Loja y reencontrarse con la sagrada imagen de la Virgen de El Cisne, a quien atribuye las bendiciones que ha recibido su familia y el crecimiento del emprendimiento que, junto a su esposo, construyó con esfuerzo, tradición y fe.
Local en Cemuart en Cuenca
En su local «Reina del Cisne», ubicado en el Centro Artesanal Municipal (Cemuart), Blanca Baculima y Rubén Monzón ofrecen una amplia variedad de sombreros de paja toquilla elaborados por familiares y artesanos de la provincia del Azuay.
Los precios parten desde los 15 dólares y varían de acuerdo con la calidad y la finura de la fibra utilizada en cada pieza. El establecimiento cuenta con modelos de diversos colores, estilos y diseños, que atraen tanto a turistas nacionales y extranjeros como a compradores locales.
El local atiende todos los días de la semana, desde las primeras horas de la mañana, convirtiéndose en un espacio donde la tradición artesanal cuencana permanece viva y al alcance de quienes buscan una auténtica pieza de paja toquilla. (I)











