Ya, niños, siéntense, pasen, dice Mónica Lucero, lávense las manos, por favor. Y los niños siguen las órdenes: se lavan las manos, se sientan en las sillas y susurran, dicen que hace mucho calor, se ríen. Y, de pronto, el silencio porque aparece Ruth Quito, una mujer bajita que empuja un carrito. Sobre el carrito …











