Hay palabras que utilizamos con demasiada facilidad. Una de ellas es estupidez. La pronunciamos para señalar al otro, como si nosotros estuviéramos a salvo de ella. Tal vez por eso resulta tan cómoda: nos permite atribuir a los demás aquello que también habita, en alguna medida, en nosotros. Pero encierra una paradoja inquietante: ¿cómo es …










