El caso de la vicepresidenta Verónica Abad, a más de ser único en estos últimos cuarenta años de democracia, trascenderá como un episodio amargo y grotesco, una mezcla de bajas pasiones, del cálculo político, de ajustes del cronómetro judicial a los tiempos electorales; en fin, de alguna forma hasta vergonzoso. La enemistad manifiesta, si bien …







