No soy yo el que escribe estas letras, aunque ¡caramba! ya quisiera serlo. No, no soy yo la rara inteligencia y el corazón gigante que le dice a su ciudad: “Permíteme escuchar el llanto de tus calles. Permíteme escuchar tu risa en los gorriones. Permíteme llorar contigo, sintiendo la brisa del río y leyendo el …









