Parece que fue ayer cuando, nuestra Cuenca, era una pequeña urbe, de contados automotores, de calles doble vía, del saludo cordial entre vecinos, de oficios que ya desparecieron, de costumbres que se enmohecieron, de juegos infantiles que fueron y no más, de los límites de la ciudad que hoy son saturados de edificaciones. Los bosques …







