Los ciudadanos solemos exigir planes de gobierno, obras y promesas de desarrollo. Todo ello es importante; sin embargo, nada puede sustituir la rectitud moral del aspirante. La experiencia demuestra que los pueblos pueden soportar errores administrativos, pero difícilmente prosperan cuando quienes los gobiernan convierten el servicio público en un mecanismo de enriquecimiento personal. La honestidad …










