CON SABOR A MORALEJA Bridget Gibbs Andrade Daban las dos de la madrugada -hora en que un gallito roncaba- cuando retumbó un ¡Tun, tun, tun! ¡Abran la puerta! en un barrio de clase altísima en el que jamás soñó que algún día podría comprar una casa. Los golpes y la bulla sobresaltaron a los vecinos …







