La geopolítica y nosotros

La geopolítica y nosotros
Sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas en New York.

El tratamiento de este tema, es producto de la petición de un viejo compañero de espacios universitarios con quien, así como con otros colegas, compartimos la tarea de elaborar el primer sistema de evaluación y acreditación de la calidad universitaria en Ecuador, cuando formamos parte del comité técnico del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de la Calidad de la Educación Superior, CONEA, en el lapso comprendido entre el 2002 y 2008.

Cuando acepté la sugerencia, pensé que iba a cumplir un papel parecido al de los escritores populares que, a petición de ciudadanos, redactan cartas y misivas. En la novela “El amor en los tiempos de cólera” de García Márquez, uno de sus principales personajes cumple esas funciones en los portales de la Cartagena de finales del siglo XIX.


El Ecuador fue uno de los países signatarios de la Carta de las Naciones Unidas, en 1945, en San Francisco.

En el campo de la escritura musical, muchos compositores lo hacían a petición de ciudadanos que contaban con los recursos para solicitar esos productos. Algunas de las grandes obras de Mozart, por ejemplo, fueron escritas a solicitud de mecenas o gente de la nobleza europea, como “La flauta mágica” o “Las bodas de Fígaro”.

Ciertamente que el cordial pedido de mi amigo Marco, ex vicerrector de la ESPOL, me ubica en la categoría de quienes escriben a “petición de parte” como decimos los abogados, o “por encargo”, acercándome en el mejor de los casos, a los escribidores de la calle, y lejano, con distancia infranqueable, al genial talento mencionado en el párrafo anterior.

Geopolítica 2026

Cuando utilizamos el término geopolítica, lo hacemos para referirnos a la toma de decisiones que tiene efectos planetarios. También lo relacionamos con la acción de gobiernos, sobre todo, de aquellos poderosos y que tienen influencia global. Esa comprensión de la palabra es común y claro que es correcta.

La contemporaneidad, por una serie de circunstancias, relacionadas todas con la globalización y con las comunicaciones en tiempo real a través de la tecnología de internet y todos sus derivados, permite que los acontecimientos de la geopolítica sean, en muchos casos, los hechos que se consideran como principales en todo el mundo, imponiéndose en su difusión incluso a las noticias locales. Lo que hacen o dicen, y se publica en medios tradicionales de prensa o en redes sociales, personajes como el presidente Trump, Macron, Putin, Netanyahu, Jamenei, Kim Jon Un, Xi Jinping, Zelenski o Lula, entre otros, es noticia de primera plana y de la mayor difusión.

La geopolítica internacional, forma parte y hasta se impone a lo nacional y local. Estamos conectados como nunca antes y somos consumidores planetarios de lo que hacen los poderosos, así como también formamos parte del mercado mundial que compra lo que producen.

En el escenario del poder global, la fuerza militar y económica estadounidense, es utilizada por el gobierno del presidente Trump, para posicionar, formas de actuar que desconocen las instituciones internacionales, el derecho y el multilateralismo. El desafío a todos y la confrontación, son formas de la geopolítica estadounidense que se manifiestan a través de actos de violencia y menosprecio a todo lo que no se alínea con su pensamiento y acción. La guerra, no es solamente una amenaza, sino una realidad cruda y abominable. La desafiante política del gobierno más poderoso del mundo, exige sumisión y produce esbirros que se prosternan ante quien la reclama. En el ámbito comercial, los aranceles, son un ejemplo de violencia que busca imponer el poder económico de quien lo tiene.

Las acciones bélicas, como las que se dieron en Venezuela y las vigentes en Irán, son también muestras de prepotencia y soberbia. Las consecuencias de esa forma de autodefinirse y de las acciones que se derivan de esa supuesta superioridad, son nefastas para la humanidad, para el Medio Oriente que es la región más afectada por el conflicto militar, pero también para los otros, para nosotros. Este estado de cosas, de caos y muerte, se relaciona con los intereses económicos en juego, pues en ese escenario dantesco, hay quienes lucran y se benefician del desastre causado, como siempre ha acontecido en la historia.


La guerra, no es solamente una amenaza, sino una realidad cruda y abominable.

Por otro lado, están las otras potencias, Europa, China, Rusia y otros países con peso político mundial. Cada uno de ellos con sus intereses propios. Algunos de aquellos son regímenes totalitarios que, lideran y conducen el devenir de sus países, con formas políticas autoritarias que no toleran el disenso y exigen adhesión, sin que sus ciudadanos tengan ninguna opción que pueda contradecir el modelo imperante, como son los casos rusos y chinos. Los europeos, por su parte, obligados como todos a vivir y evolucionar en este escenario político, no han dejado hasta ahora de referirse discursivamente a la estructura jurídica planetaria, posicionándola como lo que es, el marco más elaborado para la convivencia de los Estados e individuos en el mundo internacional.

El Ecuador y la geopolítica


“Nosotros los pueblos de la Tierra, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra…”.

También estamos nosotros y los que se nos parecen, por su peso político en el mundo global, expectantes de cómo se dan las cosas para continuar viviendo.

Adherir al poder mundial imperante es una opción, tal vez lúcida para quienes ven solamente los beneficios materiales inmediatos que puede dar una posición geopolítica como esa. También está la opción de defender, como elementos necesarios y vitales, a la estructura jurídica internacional, a la autonomía de los países y a los principios universales recogidos en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, firmada en la ciudad de San Francisco de los Estados Unidos de América, entre los cuales destacan la búsqueda de la paz, el fomento de la amistad de los pueblos, la igualdad de todos sus integrantes, el arreglo pacífico de las controversias y la prohibición del uso de la fuerza… ¡qué maravilla!

Somos parte del mundo y tenemos un peso propio que es el reflejo de nuestra dignidad, reconocida por los instrumentos internacionales que ahora son vapuleados. ¿Cómo plegar incondicionalmente a una parte de la política global que los desconoce, ataca y prescinde de ellos? La sofisticación moral de la respuesta de la humanidad al horror de la inmisericorde autodestrucción producto de las dos guerras mundiales del siglo XX, es luminosa por su profundidad y espiritualidad, y no debe ser destruida o anulada, pese a todos los errores que se cometen en las organizaciones internacionales. Debemos intervenir ahí, para corregir lo que no está bien. Suplantar un producto tan lúcido, por la guerra y la imposición de la fuerza, es una sandez incalificable por los efectos terribles que ya está causando, y que pueden agudizarse mucho más, hasta llegar a escenarios planetarios apocalípticos.

Debemos levantar la voz. Podemos hacerlo. Si el gobierno ecuatoriano no lo hecho, no lo hace, ni lo hará, nosotros ciudadanos sí podemos expresar nuestro criterio. Quienes estamos en contra de la muerte, debemos decirlo… siempre. (O)

Por: Juan Morales O.

Especial para El Mercurio

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