Páez

Andrés F. Ugalde Vázquez

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OPINIÓN|

Fue un personaje legendario, de proporciones míticas en la Independencia Americana. Dicen que, allá por 1816, fue el quien junto a los irreductibles Santander y Urdaneta, ganó la batalla del Yagual ante dos mil trescientos españoles. Dicen que lo volvió a hacer en Mucuritas frente al famoso realista Miguel de la Torre y sus cuatro mil soldados. Y otra vez frente a Morillo y sus mil ochocientos españoles en la histórica batalla de “Queseras del Medio”.  Dicen que, un 24 de junio de 1819, fue él quien decidió la Batalla de Carabobo. Que Simón Bolívar, asombrado, lo ascendió a General, allí mismo, sobre el campo de batalla. Famosa es la respuesta de Morillo ante Fernando VII al dar cuenta de las batallas perdidas: «Dadme un Páez, Majestad, y mil lanceros del Apuré y pondré Europa a vuestros pies».

José Antonio Páez, el Centauro de los Llanos, se cuenta entre las figuras más prominentes de la campaña libertaria y como uno de los políticos más importantes la historia venezolana. Su figura emerge allí, junto a Bolívar, La Mar, Sucre y los altos generales. Nacido un 13 de junio de 1790, a sus veinte años era líder indiscutible de los temidos llaneros venezolanos y del departamento de Venezuela. A los treinta era hombre de confianza del Libertador Simón Bolívar. A los treinta y seis, era su verdugo. Y a los cuarenta años era ya el principal latifundista del país y líder de las facciones separatistas que buscaban la disolución de disolución de la Gran Colombia, aquel hermoso sueño de Bolívar que hoy existe solo como el vago recuerdo de un inmenso país que pudo ser…

Extraño hombre este que se mueve entre la gloria suprema de la lucha libertaria y los oscuros laberintos de la traición. Extraña figura que liberó su tierra y luego, desde el gobierno, se convirtió en su martirio.  Grande la lección para la historia. Una más entre cuantas enseñan que el poder, embriagador elíxir reservado a unos pocos, puede ser también el potente veneno que convierte a los grandes hombres en pequeños tiranos.  Una lección a tener en cuenta… (O)

 

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