La palabra presidencial

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El presidente Guillermo Lasso vuelve a sacudir el ambiente político al anunciar una posible convocatoria a consulta popular.

La palabra de un presidente dice mucho; pues pone en juego su credibilidad, la confianza en su gobierno, y la fe popular en sus decisiones.

A pocos meses de asumir el poder y de iniciar la pugna con la Asamblea Nacional como consecuencia de su proyecto de ley, el presidente habló sobre la posibilidad de convocar a consulta popular y hasta de aplicar la temida “muerte cruzada”.

Fueron meses de discusiones, de mutuas amenazas y hasta de temores compartidos. Finalmente se diluyó como sucede con iniciativas poco analizadas, surgidas al vaivén de la coyuntura política o para desviar la atención ciudadana.

Sobre tales antecedentes, surge ahora otra posibilidad de llamar al pueblo a las urnas. ¿Los temas? A decir del presidente Lasso, plantearía una nueva arquitectura institucional para evitar conflictos entre la Corte Nacional de Justicia y el Consejo de la Judicatura. No descarta incluso la eliminación de este último.

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Otro tema sería buscar modificaciones a las atribuciones del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

Al entonces presidente Lenín Moreno se le pidió, sin éxito, proponer en su consulta popular la eliminación de ese organismo, engendrado en la Constitución de Montecristi para promover gobiernos presidencialistas; pues en su seno se nombra a las autoridades de control, de la Justicia, superintendentes; es decir todo el andamiaje apetecido por un gobernante autoritario. Y el país ya conoce los resultados de esa sí “novelería política”.

Quien controla ese Consejo lo controla todo. ¿Valdría proponerlo ahora señor presidente Lasso?

Reformas laborales sería el otro tema; pues el régimen está urgido por sacar adelante su proyecto de creación de fuentes de trabajo, jurídicamente incompatible con el actual Código, y políticamente sin mayor apoyo en la Asamblea.

La iniciativa del presidente, si no es un “globo de ensayo”, tiene tiempo suficiente para germinar; pero el tiempo para gobernar comienza a agotársele.