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La paciencia y la vocación, esenciales en la enseñanza

Las maestras apelan a sus talentos para cumplir con sus responsabilidades

Desde hace 33 años, Nora Cabrera es docente de primaria. Hoy trabaja en la Unidad Educativa Remigio y Cordero. XCA


En su misión de educar, las profesoras se ingenian estrategias para lograr la atención de sus alumnos. Se acomplan a las nuevas tecnologías.

Paciencia y vocación, dos virtudes que se confluyen en la misión de enseñar. Sin la espera, sin el don de escuchar y responder, sobre todo, sin ser conscientes de que las bases, además de formarse en la casa, se construyen en la escuela, no se puede ejercer como maestra.

Ese es el pensamiento con el que coincididen diez profesoras cuencanas, que fueron consultadas sobre cuáles son las características que debe tener una profesional de la enseñanza, es decir una docente o una maestra. Aún más si su responsabilidad es educar a los niños que cursan los primeros años, es fundamental saber comunicar, adaptarse y ser creativo para lograr los objetivos.

Un ejemplo de poner en práctica esos saberes se evidenció en la emergencia sanitaria, cuando las clases presenciales en Ecuador y en el resto del planeta se interrumpieron para dar paso a la enseñanza virtual.

En muchos casos, la transición hacia las herramientas digitales no se había completado del todo y, aun así, las maestras asumieron una responsabilidad compleja.

Una de ellas es Nube Sacta, docente de la Escuela Panamá, con 22 años de trayectoria. “Sí surgieron cambios, pero como docente tenemos que buscar estrategias. Nosotros cantamos, usamos la música, los videos, los títeres para llamar su atención”, contó, mientas ayer, junto a sus compañeros y alumnos, celebraba el Día del Maestro.

Pagar el internet con sus propios recursos, buscar un equipo tecnológico actualizado, mantenerse en permanente contacto con las familias y los niños para evitar que deserten. Esas fueron algunas de las estrategias que tuvieron que cumplir las maestras no solo en Cuenca, sino en todo el país.

Desde las bases

Una vez que las clases presenciales se retomaron en el país, llegó una labor compleja: recuperar lo perdido en la pandemia, principalmente, entre los más pequeños. Sin una base sólida, este grupo de escolares no puede rendir conforme se avanza de grado.

Esa es la convicción de Ruth Cárdenas, docente de primero de básica de la Unidad Educativa Remigio y Cordero.

“Nosotros somos un espejo para ellos. Es un trabajo difícil, porque los niños están en esa edad en que preguntan por todo y uno debe tener la capacidad para que le entiendan con palabras fáciles. Hay que saber transmitir para que aprendan”, opinó Cárdenas, en diálogo con El Mercurio.

Ayer, por el Día del Maestro, en Cuenca se llevaron a cabo varios programas para festejar a los docentes. XCA

En el regreso a la presencialidad, para las maestras se ha vuelto más esencial levantar esa estructura que sostenga y permita a los estudiantes desarrollarse. Sin educación, no hay desarrollo, insisten las profesoras.

“Nosotras pedimos todos los días paciencia, amor, sabiduría para enseñarles a ellos y aprender cada día, porque aprendemos, tanto de ellos, y ellos también de nosotros”, afirmó Nora Cabrera, quien recién cumplió 33 años como docente.

Paciencia y vocación, dos palabras que están presentes entre las maestras que no desfallecen, sino que resisten, se fortalecen y se animan para ser la guía de aquellos que recién están empezando, así como de los adolescentes y jóvenes que se adentran a las otras etapas de la vida. (AWM)-(I)

203.595 docentes tiene Ecuador. De ese número 146.015 son mujeres, según la base de datos del Ministerio de Educación.

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