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Humberto Bermeo, el señor don indio Manuel que hizo reír a miles de personas, y que ahora necesita apoyo

Humberto Bermeo y su esposa Hilda Palacios llevan juntos más de cuarenta años. Andrés Mazza/El Mercurio

Era el año 80, y en Cuenca había un programa radial en el que una mujer hacía comedia. Humberto Bermeo, cuando la escuchaba, decía que el lenguaje que ella usaba era de la sociedad alta; un lenguaje elegante y rebuscado.

Al escuchar la crítica que hacía Humberto, Gustavo Gavilánez, uno de sus mejores amigos, le dijo que, si él sabía hacer comedia, que la hiciera, y entonces Humberto presentó a un personaje que, sin saberlo, le cambiaría la vida y de nombre: el señor don indio Manuel.

Antes de eso, en las reuniones de amigos Humberto ya solía remedar la manera de hablar de aquellos que vivían en el campo, sin el afán de denigrarlos. Más bien usaba sus palabras y sus modales para contar cachos.

Para su esposa, Hilda Palacios Encalada, la faceta cómica de Humberto siempre estuvo impregnada en él. Tenía la habilidad de hacer reír a la gente. Sin embargo, nunca pensaron que esa característica llegaría a un personaje que empezó a conocerse en la Voz del Tomebamba.

Junto a Gustavo Gavilánez, Humberto inició una carrera que funcionaba de la siguiente manera: por teléfono, Gavilánez hablaba con el señor don indio Manuel. Él hombre campesino hacía como si llegara a la emisora de la familia Piedra, y entonces empezaban las conversaciones y los chistes.

“Recuerdo que una vez estábamos en la casa de mi suegra. Y él nos dice: ´esperen, esperen, prendan la radio y oirán´. Entonces él se va al teléfono y nosotros oímos que empieza a hacer voces. Pusimos atención a la radio y él hablaba como que llegaba a la Voz del Tomebamba. Y eso le empezó a gustar”, dijo Hilda.

Por dos años se mantuvieron las conversaciones entre Gavilánez y el señor don indio Manuel. En ese tiempo las presentaciones que hacía Humberto eran esporádicas. No obstante, luego pasó a tener un espacio todos los jueves, junto a Leonardo Guillén, para después, los sábados, tener una hora solo para el personaje del ruralismo.

El salto al escenario

Su representación en la emisora le valió para que dé un salto a los escenarios, sobre todo a los que se encontraban fuera de Cuenca.

La voz ya no era lo único que debía imitar, también necesitaba vestirse con las ropas típicas de los campesinos: el poncho y el sombrero. A la vestimenta se sumó el maquillaje que sería realizado por otro de sus amigos: el pintor René Pulla.

René Pulla fue quien maquillaba a Humberto para que se convierta en el señor don indio Manuel. Andrés Mazza/El Mercurio

Pulla y Humberto se trepaban en una furgoneta y salían hacia las comunidades en donde la gente esperaba al señor don indio Manuel.

Con aquellas salidas, Humberto empezó a ganar dinero, aunque eso era secundario para él, ya que, paralelo a su labor de humorista, se dedicaba a entrelazar a las personas que vendían y compraban algo.

Para Juan Bermeo, hijo de Humberto, su padre tenía una habilidad de unir a las personas. Si alguien vendía, por ejemplo, un terreno o un carro, él sabía a quién le podía interesar.

“En la escuela nos decían que escribiéramos la profesión de nuestro padre. Y nosotros íbamos a poner comediante, y papi decía: `no, no, comerciante, no comediante, comerciante´”, recordó Juan.

Adiós al personaje

Tras 32 años frente a los micrófonos y los escenarios, Humberto dejó de vestirse y hablar como el señor don indio Manuel. Pero no fue por una decisión propia.

A principios de este siglo, Humberto comenzó a perder la memoria. Sin embargo, ello no le impidió que siga haciendo lo que más le gustaba, a pesar de que su esposa le decía que ya era hora de dejarlo.

Pero a la enfermedad la puso en segundo plano y continuó haciendo reír a las personas que lo escuchaban y lo veían, porque Humberto siempre, primero, pensaba en el resto y luego en él.

Hasta que, en el 2012, tuvo que decir adiós para hacerse tratar. En eso detectaron que Humberto tenía Alzheimer.

Concierto solidario

Han pasado 10 años desde que Humberto colgó el poncho. En todos esos años, su familia, y principalmente su esposa, Hilda, han estado cuidándolo. Pero los recursos económicos que se tenían guardados se han ido consumiendo.

Ante ello, las personas que lo conocieron, junto a la Asociación de Artistas Profesionales del Azuay, emprendieron la organización de un concierto de solidaridad para recolectar fondos que ayuden a Humberto.

El concierto, que contará con la participación de varios músicos y cantantes, se llevará a cabo mañana, 25 de junio, en el Teatro de la Casa de la Cultura, a las 15:00.

La entrada tendrá un costo de diez dólares, y se la podrá adquirir en Bazar La Victoria, Círculo Musical, Madeco, o directamente con la familia de Humberto a través del número: 0994501442. Lo recaudado servirá para devolver las risas que el señor don indio Manuel sacó de un público que todavía lo recuerda. (I)

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