José Serrano copa los espacios de análisis político en varios países del mundo. Él se ha ganado con persistencia el convertirse en un anti-héroe de nuestra vida democrática, porque hasta los jóvenes que no le conocían comentan de este individuo, quien cayó redondito en manos de las autoridades de la justicia gringa.
Cuando llegó el momento de la verdad, debe haberse arrepentido a rabiar de aquella conversación grabada por su cómplice Carlos Pólit cuando las balas apuntaron al exfiscal Baca Mancheno. Debió darse golpes de cabeza contra la pared por tratarle de miserable al no haber cumplido los “acuerdos”; en el mundo de la delincuencia, entre miserables no deben romperse los acuerdos.
Todos los ecuatorianos sabían de sus malos pasos. Dándose lujos sospechosos, en Miami vivía como un rey. Pagaba con su pareja María Paula Christiansen un arriendo de 10.000 dólares mensuales en una casa con piscina y todos los oropeles que quisieran, incluidos vehículos de altísima gama. Doral en Florida el lugar de los ricos y famosos, jamás le fue esquivo. No entendió, sin embargo, que la justicia tarda a veces muchísimo, pero llega. Esta vez no hubo ruido, no hubo curiosos, nadie lloró, como dice la estrofa de Pedro Navaja. En una operación encubierta de alta tecnología de la policía estadounidense, fue arrestado. No hubo soplones para decirle que huya, porque de lo contrario, su destino estaba en la tierra de los “charros” bajo la batuta de la de lento hablar, la impresentable Sheinbaum.
Demasiados hechos dolosos deben haberle convertido en un esclavo de sus propias angustias; sobre todo, cuando el exasambleísta Villavicencio le asoció con el “mago” Chérrez quien se alzó con el “santo y la limosna” en el ISSPOL y entregó entre varios pagos a su pareja María Paula, un cheque por 230.000 dólares supuestamente por contratos de SPA, una actividad lucrativa, un emprendimiento exitoso, totalmente diferente al cargo pobretón de Administradora Financiera en el Ministerio del Interior.
Diego Vallejo, asilado en los EE. UU. luego de pasar injustamente preso por dos años y haberse salvado de ser asesinado, ha cantado todo y ha pedido a la justicia que Serrano pague sus culpas por tanto daño causado a inocentes. Le debe doler el recuerdo de la trampa a los 10 de Luluncoto, quienes tenían un manual para fabricar bombas, declaraba él a voz en cuello. O ese intento de secuestro en Colombia a Balda. Sí, todos son unos malditos diría, incluido el policía Chicaiza que le delató.
Pero en este mundo de traiciones, ya los amigos de la RC le desconocen. La ingratitud es la madre de todas las angustias. Desde que abandonó la Asamblea Nacional nadie sabe de él, dicen. Lo cierto es que el creador de las fábulas al servicio del correísmo, el relator del futuro, como aquel episodio del golpe de Estado imaginario con actores como Andrés Páez, Luis Villacís, Mario Pazmiño que preparaban un convoy de traicioneros a la patria desde el Carchi al Macará, ahora ya no enfrenta a sus demonios de noches de inmensos desvaríos. Está imputado por varios presuntos delitos, incluido el de ser uno de los autores intelectuales del asesinato de Fernando Villavicencio. Pedimos justicia, y cero impunidades. (O)