Las expresiones del presidente Noboa en días recientes exacerbaron los ánimos entre sus opositores y críticos.
Decir, por ejemplo, ante un grupo de jóvenes, que Inteligencia Artificial (IA) podría redactar la eventual nueva Constitución dio lugar a severos comentarios.
Siendo así, la potencial elección de constituyentes no tendría asidero; o. teniéndolo, podría creerse que los ungidos tendrían el apoyo de la IA, cuando la redacción de una Carta Magna debe ser, en la medida lo posible, consensuada y acopiando todos los aportes ciudadanos.
En suma, únicamente la inteligencia humana para un objetivo noble, de darse, delicado, laborioso y de conocimiento profundo.
El presidente no mide el alcance de sus expresiones. Se deja llevar por la euforia o por el interés de ganar la consulta popular y el referendo.
Respecto de la posible instalación de bases militares extranjeras en el país, habló de autorizarla en las Islas Galápagos, desatando otra oleada de críticas, no solo por ser un territorio protegido, cuanto por inconveniencia geoestratégica.
Eso lo llevó a desdecirse de inmediato; no así tras expresar que en los hospitales públicos se prefiere atender a narcotraficantes y violadores en lugar de a las personas de a bien.
Un prestigioso médico cuencano, Jorge Villavicencio, le ha recordado al presidente que tal acusación es una falacia, con mayor razón si los galenos, al graduarse, hacen el Juramento Hipocrático, cuya aplicación los lleva, primero a salvar la vida de los pacientes, luego a preguntarles cómo se llaman.
Además existen los protocolos médicos, los cuales, estrictamente deben cumplirse en función de la gravedad de las dolencias.
Le conmina a revelar si conoce de “un solo caso” en el que se haya privilegiado a un delincuente. Y si ocurrió, para sancionarlo hay una ley.
Modular la palabra, procesar el conocimiento sobre los temas; o, en ciertos casos hasta callar, son premisas para un gobernante.












