Aida Leonor Bustos Cordero: guardiana del Pase del Niño Viajero en Cuenca

Pase del Niño Viajero Cuenca”
Primera fila de izquierda a derecha: Julia María Seade (I), Aida Bustos Cordero (C) y Mercedes Barrera. Fila sentada de izquierda a derecha: Juliana Romero (I), Isabela Barrera (C) y María Inés Córdova (D). / Xavier Caivinagua A.

Aida Leonor Bustos Cordero mantiene vivo el espíritu del Pase del Niño Viajero en Cuenca. Su legado será honrado el lunes 1 de diciembre de 2025. Ese día el Concejo Cantonal entregará la presea “Cuenca Patrimonio Cultural de la Humanidad” también a Sor Leonor María del Espíritu Santo, Ruth Carmen Llivipuma Pulla, Anita Patricia Pulla Álvarez y Luz María Gonzáles.

Diario El Mercurio conversó con Aida, y esta es su historia de vida:

“La vida se me ha ido ya”, dice Aida Bustos (91 años), “pero me queda la satisfacción de haber servido a mi Niñito”.

Así comienza el testimonio de una cuencana que no sólo confeccionó trajes, sino que tejió devoción. Ella unió familias y bordó, puntada tras puntada, una tradición que hoy es un tesoro invaluable de Cuenca.

Trajes que cuentan la historia del Pase del Niño

En su sala, rodeada de telas, hilos y polleras que parecen guardar suspiros, Aida habla con serenidad. Mientras sus hijas y nietas la escuchan atentas e incluso la graban en video. Cada traje hecho a mano resguarda décadas de trabajo, con diseños únicos y colores que nunca se repiten.

Su primer traje fue para su hija María Teresa. Sin imaginar que esa prenda abriría un camino que atravesaría 61 años del Pase del Niño Viajero.

“Me levantaba a las tres de la mañana para bordar sin despertar a mi esposo. Decía que venía del baño, pero era mentira… todo era por el Pase del Niño”.

Su dedicación y humor dulce permanecen intactos, aunque hoy sus manos tiemblan levemente.

Una tradición que pasa de generación en generación

Aida celebra que sus hijas, nietos y bisnietos continúen con sus trajes y diseños, heredando su manera de mirar el color y la fe.

  • Mercedes, su tercera hija, recuerda los diciembres de su infancia. Hilos desplegados desde junio, dibujos en papel, el olor a tela nueva y la emoción de vestir al nuevo miembro de la familia.
  • María Inés Córdova, nieta, rememora los octubre marcados por los carros alegóricos y el orgullo de mostrar los diseños de su abuela.
  • Julia María Seade, otra nieta, confiesa que sus mayores recuerdos son los juegos rodeados de hilos de mil colores. También la guía de fe y generosidad de Aida.

Aida escucha todo con los ojos brillosos, consciente de que deja una herencia viva. Cada traje, cada dibujo y cada puntada se convertirá en un patrimonio de familia y de ciudad.

Reconocimiento y orgullo por su labor cultural

El Día del Patrimonio traerá un reconocimiento que llena de orgullo a Aida, acompañado de nostalgia:

“Se han acordado de esta pobre vieja. Dios es grande; todavía tengo conocimiento, todavía puedo agradecer”.

Desde el barrio Yanuncay, al sur de Cuenca, hasta hoy, la costura de Aida unió vecinos. Además, fortaleció vínculos y preservó la memoria colectiva de miles de cuencanos que participaron del Pase del Niño Viajero.

El Niño Dios centenario, el mayor tesoro de Aida

Hoy, Aida observa sus trajes con calma mientras acaricia el Niño Dios centenario heredado de sus suegros Daniel Barrera y Celina Ambrosi. Esta imagen, de más de cien años, es su compañero protector y testigo de seis décadas de bordados, desvelos y promesas cumplidas a su ‘Niñito’. (I)

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Diego Montalván

Diego Montalván

Editor general. Magíster en Comunicación Estratégica Digital, 21 años en medios impresos, especialista en edición periodística y autor de artículo científico en Media Education (Italia).
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