¿Hay alguien ahí?

Un país permeado por el crimen —que, como desde hace mucho vengo sosteniendo— se encuentra en las instituciones democráticas y republicanas. Así, quienes detestan a la democracia y a sus instituciones se las toman para, al día siguiente, acabar con la democracia y la República. Otros lo hacen —parece— para continuar con sus negocios familiares y de grupo. Algunos beneficiados indirectos cumplen un rol: mutis por el foro.

El sistema judicial está en crisis estructural. Pero nadie la debate. Es insostenible su diseño actual. En él, las excepciones son cada vez menores. Unos han ingresado con alevosa improvisación; otros, con la misma disposición: hacer lo que se hace para su metro cuadrado y sus intereses. Nada para la Patria. Hay denuncias de corrupción y posible obstrucción a la justicia, pero las urgencias de quienes deben actuar (enjuiciamiento político, investigación ágil sobre el uso de recursos públicos y posible consumación de infracciones) no llegan al ritmo que requiere el Estado, sino al aletargado sentido de lo ordinario, de lo normal, del “ya se verá”. Sin ninguna causa de Estado.

Improvisación en la gestión de lo público. Decisiones que no se asumen y ausencias que muestran desprecio. Sí, desprecio. El sistema de salud, la energía pública, la seguridad social y la generación de empleo no son, precisamente, la prioridad por resolver.

Graves problemas de inseguridad que parecen ser atendidos con parches y, algunas veces, con pinzas. Pero mientras exista la foto, todo sirve. Olvidando la restauración permanente de la inteligencia policial y militar. Aún más, un plan efectivo: no de mínimos ni de máximos, sino de persistencia.

Presunta adquisición indebida —digámoslo así— de medios digitales y de comunicación, bienes inmuebles y más, pero no pasa nada. Ahí las instituciones llamadas a investigar desaparecen. Todo está bien. Doble vara. Comprometiendo así al Estado constitucional y su futuro. Comprometiendo al Ecuador.

Aún más: un discurso de composición binaria para el tejido social. Los buenos apoyan; los malos no. Abandonando la lógica y el sentido común de la gente. La ética aún presente para muchos. Nuevamente, desprecio. Pues, en un Estado en donde el interés superior es el Estado, no existe una persona o su grupo. Existe el Estado. Decisiones y acciones de Estado. Hoy, los convocados a actuar no actúan. Lo estamos viendo. ¿Hay alguien ahí? (O)

@jchalco

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.
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