¡Saqueo!  El enrarecido y contaminado aire que nos ahoga  

La prudencia, la sensatez y la búsqueda de la objetividad, son necesarias cuando se escribe en medios de comunicación. Cada palabra escrita tiene un significado y debe ser utilizada con precisión y mirando las consecuencias de su impacto en los lectores. 

El periodismo que busca solamente llamar la atención, sin detenerse en el análisis de lo que firma y publica, siempre ha existido y algunos ciudadanos son diestros navegantes en esos espacios que rozan con el escándalo y contribuyen a que éste se instaure en la sociedad, porque es terreno propicio para ciertos intereses que, eventualmente, podrían tener quienes ahí medran.

La ponderación en el uso de las palabras

Por eso, en el escenario de la reflexión sobre esos aspectos, he considerado y lo sigo haciendo, que es necesario describir categorías culturales de la humanidad en general y, por supuesto, las de nosotros los ecuatorianos, porque en esos espacios nos encontramos todos. Dirigirme a personas específicas como responsables de una situación u otra, ha sido para mí algo excepcional, pese a que también he transitado esos caminos. 

Los delincuentes de cuello blanco son los mayores depredadores de la esperanza del pueblo en su búsqueda de una vida mejor.

La sabiduría tradicional que propone la humildad, el reconocimiento de los errores propios y el no juzgamiento del otro, han sido algunos de mis referentes morales que, entre otros efectos, han permitido que comprenda mi pequeñez y vea con claridad mis múltiples defectos y grandes limitaciones.

Pese a todo lo dicho, pero siempre en ese contexto, mi perspectiva del estado actual de las cosas en el mundo y, concretamente, en el Ecuador, me impulsa sin concesiones, a expresar en este medio y en esta ocasión, mi desazón profunda por la situación que vivimos como sociedad y a insistir, pese a que pueda ser una tautología, sobre la relación indisoluble que tenemos como pueblo con cada gobierno de turno y, claro está, con el actual que tiene la principal responsabilidad de construir formas de vida social cada vez mejores para los ecuatorianos.

El pavoroso saqueo

El saqueo es la norma. Y eso duele profundamente porque es un delito social atroz. El crimen organizado está presente entre nosotros.

Los atracos a los fondos nacionales son tan evidentes, que es imposible no referirse a ellos. La corrupción pública y la privada que van de la mano, forman parte del paisaje y son tan burdas que se manifiestan orondas y desafiantes a cada paso que damos como ciudadanos en nuestro deambular por calles, avenidas y rutas, así como cuando llegamos a oficinas, instituciones, negocios, empresas o cualquier otro espacio de nuestra degradada sociedad. Como que casi todo está contaminado. Muchas manifestaciones del actuar colectivo son contrarias a la urbanidad y a la corrección legal y ciudadana. 

Al constatar el dinamismo actual en la economía nacional que se evidencia en construcciones, emprendimientos, negocios, comercio, dinero que circula, también nos preguntamos de dónde sale esa plata. ¿Cómo se manejan cantidades tan grandes? ¿Cuál es el origen de esos recursos? Siendo las probables respuestas a esas obvias inquietudes, unas que nunca dejan de considerar que estamos invadidos por el narcotráfico, la corrupción, la delincuencia y que el lavado de dinero es una posibilidad cierta en esta descarriada sociedad, en la cual cerramos los ojos para no ver aquello que algunos sí ven con claridad y lo denuncian con entereza. La actitud de esas personas es la correcta y debe inspirarnos, pues cualquier acomodamiento o resiliencia a este estado de cosas, es vergonzoso y repudiable.

La contratación pública y el atraco

La contratación pública es el escenario en el cual los grandes casos de corrupción se dan, así como los cotidianos y burdos latrocinios. Intolerables los dos, porque atentan en contra del patrimonio de todos los ecuatorianos que es sagrado, porque de él depende la obra pública que sirve a toda la población y sobre todo, a la que más necesita. Por eso, debemos indignarnos con los malhechores, con los de cuello blanco, que pese a su siniestra conducta son aceptados y hasta reconocidos como ciudadanos de bien en diferentes círculos, en el político, en el empresarial, en el social e incluso en una parte de la opinión ciudadana que se acomoda y adula al que posee recursos económicos, sin importar cómo los obtuvo. ¡Vergüenza y decadencia!

El saqueo es la norma. Y eso duele profundamente. También hiere la impunidad garantizada por una institucionalidad pública, la de todas las funciones del Estado, que contribuye con esa tarea, de una forma u otra. La Asamblea Nacional hace lo suyo, como cuando no da lugar al juicio político a los ministros de Estado responsables de la venal contratación de los casos Progen y Austral, que hasta aquí representa un perjuicio a todos nosotros, a nuestros recursos, a nuestras vidas y esperanzas, por más de $ 150.000.000. También están en esa línea, el Ejecutivo, la Función Judicial, el Consejo de Participación Ciudadana, el Consejo de la Judicatura; y, muchas instituciones provinciales, municipales y organizaciones de gobiernos descentralizados.

Entregaron chatarra, en lugar de los equipos que debían, cuya adquisición fue avalada por la gestión de los funcionarios competentes, previa a la firma de los contratos que fue realizada por colaboradores de un rango burocrático inferior, en una muestra más de ausencia de transparencia y dignidad personal y profesional, por parte de los ministros responsables. Se violentó todo procedimiento jurídico y técnico. Descaradamente.

Pero, no son todos, ¡faltaba más! Porque no todos están contaminados por la corrupción que proviene del crimen organizado que ha permeado la estructura burocrática ecuatoriana y la cotidianidad de la vida social, pero aquellos, los honrados no son generalmente los tomadores de decisiones y sobreviven, día a día, en ambientes oscuros y delincuenciales, sin tener la capacidad para detener el flagelo o, circunstancialmente, retirarse de esos espacios, porque dependen de su trabajo para vivir, ellos y sus familias. 

El petróleo, uno de los recursos naturales más importantes del país, manejado de manera ineficiente por Petroecuador, institución destrozada internamente, también forma parte de esos espacios en donde la corrupción se manifiesta esplendorosa en su oscuridad y tragedia. Las importaciones que se realizan de combustible para el mercado nacional, están en el escenario de la contratación pública, que sabemos y ya lo dijimos en este texto, es uno de los espacios escogidos por el crimen para robar los dineros de todos. ¡Saqueo!

La minería, que el gobierno y algunos sectores que se benefician de ella de manera especial, consideran que será la panacea que permita el ingreso de grandes cantidades de dinero al país, también vive y se da en el ámbito de la contratación pública, sin que nadie pueda decir que en este caso la forma de relacionarse de las empresas con los funcionarios del Estado ecuatoriano, será diferente por pulcra y apegada al derecho y a la ética. Ya hemos vivido, por ser parte de algunas estrategias del gobierno y de las empresas mineras, tentativas y hechos consumados que contradicen esta última posibilidad, como es la de un correcto actuar cívico, para ratificar, por el contrario, que se usan similares tácticas y se ejecutan parecidas acciones para alcanzar sus fines, sin importar el imperio de la ley, ni la voluntad de la gente expresada en consultas populares y manifestaciones democráticas multitudinarias.

Los casos Progen y Austral representan una estafa millonaria al erario público del Ecuador. ¡Saqueo!

La minería, que el gobierno y algunos sectores que se benefician de ella de manera especial, consideran será la panacea que permita el ingreso de grandes cantidades de dinero al país, también vive y se da en el ámbito de la contratación pública, sin que nadie pueda decir que en este caso la forma de relacionarse de las empresas con los funcionarios del Estado ecuatoriano, será diferente por pulcra y apegada al derecho y a la ética.

Dr. Juan Morales Ordóñez

Dr. Juan Morales Ordóñez

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