Desde una perspectiva del “deber ser”, la cadena de favores tiene como propósito la reproducción de buenas acciones mediante ayudas, apoyos o compensaciones cotidianas entre diversos actores de la sociedad, con el fin de generar mayor empatía y conexión con nuestros semejantes.
Sin embargo, en el Ecuador del siglo XXI, este loable propósito se ha visto pervertido a través de la solicitud de favores al margen de la ley, actuaciones reñidas con la ética pública e incluso acciones que rozan el abuso del derecho.
Es común observar cómo ciertos funcionarios públicos optan por obstaculizar la normal prestación de los servicios públicos, incorporando trámites innecesarios con el objetivo de generar problemas y luego ofrecer “soluciones” que se transforman en supuestos “favores”, los cuales suelen ser compensados mediante retribuciones económicas.
Por otro lado, no es novedad que la prensa reporte casos en los cuales gestores políticos de distintas banderas ideológicas otorgan “favores” personales para llenar vacantes de personal, “agilitar” procesos de contratación pública o, simplemente, acceder a información que puede resultarles provechosa para la realización de determinados “negocios”.
Una de las mayores preocupaciones es que quienes incurren en este tipo de conductas no siempre son conscientes de que sus actuaciones contravienen la ley, sino que incluso llegan a creer que encajan en una amable “cadena de favores” que debe ser compensada.
Es momento de recuperar la integridad en la Administración Pública, en todos sus niveles, privilegiando el compromiso de los funcionarios con los valores institucionales y con la adecuada prestación del servicio público. Caer en una dinámica perversa de “cadena de favores” no solo corrompe a las instituciones, sino que genera caos, extorsión y la consolidación de una cultura de corrupción que ahuyenta la inversión, debilita la seguridad jurídica y erosiona la paz social, alimentando un círculo vicioso que deteriora las instituciones y afecta los valores de la sociedad. (O)
@andresmartmos








