Quienes disfrutamos del fútbol estamos sorprendidos por la poderosa crisis, en todos los sentidos, en la cual han caído muchos de los clubes del balompié profesional ecuatoriano. El Nacional “nacho” como le decimos con cariño, descendió a la serie B porque no tuvo dinero suficiente para cancelar a tiempo sus obligaciones; lo mismo ocurre en estas horas con el Emelec, el otrora equipo millonario, encaminado por la misma ruta del descalabro, al no poder honrar sus deudas. Varios equipos sobreviven, piden ayuda, buscan mecenas, se amparan en algún grupo inversor golondrina como el caso del “Cuenquita” con resultados más desilusionantes que gratos. Hoy gracias a la gestión de exdirectivos, se busca terminar una relación tóxica con el famoso GFI, encabezada por el señor Méndez.
Esto de convertir a los equipos de futbol en verdaderas empresas, se ha consolidado en pocas instituciones como el Independiente del Valle (IDV) bajo la conducción de Michell Deller y el grupo que maneja marcas como KFC, Wendy’s, varios centros comerciales, y proyectos deportivos fuera del país; y la Liga Deportiva Universitaria (LDU) bajo la tutela del empresario azuayo Isaac Alvarez. Son ejemplos de como se debe manejar en este tiempo un proyecto perdurable, sustentado en la eficiencia y eficacia de sus gestiones.
El IDV es una máquina de ganar dinero el cual se reinvierte en su totalidad para potenciar sus proyectos. La venta de los pases de sus estrellas, todas antes de cumplir los 20 años a equipos europeos, es la consecuencia de un tratamiento integral positivo de los futbolistas, quienes desde niños deben cumplir con altos parámetros de exigencia, tanto en el trabajo físico y táctico, como en el serio aprendizaje que exige el contenido de la malla curricular de segunda enseñanza.
En el campo de la infraestructura, tanto IDV como la LDU han invertido ingentes recursos para tener verdaderos complejos deportivos en los cuales se forman deportistas que hoy pasean su clase en equipos de primera en el mundo. Referentes indiscutibles como Moisés Caicedo, Piero Hincapié, Joel Ordóñez, y muchos otros, colocan a Ecuador en un sitial de respeto.
El ejemplo de los equipos enunciados va siendo emulado de a poco, por instituciones como el Orense S.C de Machala muy bien manejado por la familia Palacios-Romero propietarios de la Corporación Palmar, o el Mushuc Runa de Echaleche en Tungurahua, con el Dr. Luis Alberto Chango quien es el número de uno de la cooperativa de ahorro y crédito del mismo nombre.
Los directorios de los equipos del fútbol profesional ecuatoriano no pueden convertirse en una suerte de “sala de partos” en la cual sufren semana a semana, para sobrevivir a los embates de no saber si contarán con recursos económicos, so pena de ser sancionados por las entidades de control. Deben encontrar un modelo, de los varios existentes en la legislación ecuatoriana, para convertirse en verdaderas empresas, como por ejemplo la de una Sociedad Anónima Deportiva (SAD), descartando 100 % la injerencia de partidos políticos, inversiones de dudosa procedencia, o de sucumbir a la tentación de las apuestas deportivas ilegales que han traído descalabro a futbolistas y clubes. (O)









