Las Naranjo

Se dice que el oficio de escritor requiere de madurez, tiempo, constancia y disciplina. Sobre todo, porque no hay modo de asegurar que se ha llegado a buen puerto. Así como el arquitecto contempla satisfecho su obra luego de haberla concluido, sabiendo que su trabajo y esfuerzo va a cumplir una función específica, tardará en saber si lo hizo bien o mal pues habrá de ser juzgado por el tiempo y el público. Lo mismo sucede con un cuadro, una composición musical, una escultura o un libro.

Los nuevos formatos de publicación y técnicas de impresión han abierto puertas para que todo aquel que garabatee en un cuaderno sus ideas pueda publicar un libro en formato digital sin una logística adecuada, con tal de ver su nombre plasmado en el universo literario. Sin embargo, saber escribir -algo que casi todo el mundo sabe hacer- no significa dominar el arte de narrar una historia. Como cualquier oficio, este necesita de un aprendizaje. El solo hecho de conocer algo de ortografía y gramática no es suficiente para que un intento narrativo funcione. Hacen falta muchos borradores y correcciones; desvelos, dolores de cuello y, también, anotar al apuro -a veces en una servilleta o lo que haya a mano- las ideas que llueven en el momento menos esperado para transcribirlas, y lo que se haya escrito, merezca la pena y el esfuerzo invertido. 

Para que alguien domine el arte de escribir, le hace falta exactamente lo mismo que a un aviador: muchas horas de vuelo. Una novela es una obra en prosa que narra acciones ficticias en todo o en parte y cuyo fin es entretener al lector, transportándolo a un mundo diferente. Simplificando, una buena novela es aquella que disfrutan tanto el abuelo como el nieto con cincuenta años entre ambas lecturas. 

Sin más preámbulos, quedan cordialmente invitados a la Antigua Escuela Central el jueves 29 de enero a las 6:30pm al lanzamiento de mi novela “Las Naranjo”, un relato costumbrista en el que deliciosamente se entretejen hebras de realidad, ficción y realismo mágico con el cauce de los ríos, haciendas, árboles frutales, comida típica, una libreta con consejos ancestrales, la neblina asesina, el pueblo de los bastardos, la doble moral de cuatro beatas, la mano etérea de tul y gasa y los sueños y vidas de las cinco últimas mujeres de este extenso linaje: la solterona infranqueable, Lorenza, Victoria, Carmela y Rita que nacieron con el lunar rojo en la mitad de la nuca. (O)

Lcda. Bridget Gibbs

Lcda. Bridget Gibbs

Periodista y escritora. Norteamericana de nacimiento, pero cuencana de corazón. Radicada en Cuenca desde hace 45 años. Lleva una década colaborando con la página editorial de El Mercurio.
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