Hemos vuelto a sus textos narrativos, por una nueva vez y para encontrar encanto en su lectura y en la búsqueda de todos los recursos y resquicios a lo largo de cada página.
No hay duda que el uso de su lenguaje es espléndido, con un manejo verbal y adjetival que permiten mantener la lectura con gran aprehensión y recreación, no obstante, la dimensión laberíntica y enigmática que ofrecen sus textos, demanda gran atención, dado el lenguaje enmarañado y sombrío, como buen seguidor de Kafka y como no pensar también en el Cortázar de esos cuentos crípticos que, en el caso concreto de Francisco Proaño, logra hilvanar siempre los distintos ejes narrativos en torno a una trama que se presenta dispersa, oscura, y que la presencia de la hipérbole y el dato escondido se manifiestan como resortes, que permiten lograr, al final del texto, que todo quedó magistralmente enlazado, para la verdadera aprehensión del lector.
¡Ha sido muy grato volver a los textos de un gran cuentista y no hay duda que toda relectura ofrece redoblada recreación! (O)









