El presidente colombiano Gustavo Petro espera lograr un borrón y cuenta nueva con el estadounidense Donald Trump este martes 3 de febrero de 2026 en la Casa Blanca, en su primer y quizás último encuentro personal.
Primer productor de cocaína del mundo, Colombia necesita del apoyo de Washington para mantener la presión militar en las zonas de cultivo, y para ello es muy importante la certificación de su lucha antinarcóticos, que perdió el año pasado, por segunda vez en cuatro décadas.
Trump a su vez necesita que Colombia asegure de forma estable la recepción de miles de migrantes indocumentados, producto de su campaña de deportaciones, en momentos en que recibe fuertes críticas de la oposición.
Bogotá anunció la semana pasada que se reanudarán los vuelos en aeronaves colombianas, tras ocho meses de interrupción.
El presidente Petro también autorizó la extradición de un capo narcotraficante, Pipe Tuluá.
– Impredecibles –
Adeptos a las redes sociales y a las largas diatribas, ambos mandatarios han hecho esfuerzos para rebajar la tensión desde su inesperada llamada telefónica del 7 de enero, en la que acordaron esta cita.
Pero ambos son impredecibles ante la prensa, y la Casa Blanca mantiene la reunión en perfil bajo.
«Vamos a hablar de drogas, porque enormes cantidades de drogas salen de su país«, declaró Trump a periodistas la víspera del encuentro.
Aunque ambos son afines al tono coloquial y populista, todo lo demás separa a ambas mandatarios: Petro es un exguerrillero que quiere mantener en alto la voz de la izquierda en el continente, que entró en un ciclo claramente conservador.
Trump es el líder que resucitó la doctrina Monroe, de intervencionismo en la región, al punto de que obliga a todos sus vecinos del Sur a posicionarse: a favor o en contra de Estados Unidos.
– Ganadores y perdedores –
Petro llegó a Washington acompañado de su canciller, su ministro de Defensa y altos cargos de inteligencia.
La relación entre ambos países «se va a relanzar», prometió ante la prensa la canciller, Rosa Villavicencio, a su llegada.
Con este encuentro «el mensaje es claro: ganan las naciones y perderán los criminales«, añadió el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, que ha acudido varias veces a Washington en los últimos meses.
Trump empezó su mandato anunciando una campaña de deportaciones masiva, a la que Petro replicó inicialmente con críticas y el freno a la llegada de aviones, por considerar que no se daba el trato adecuado a los migrantes colombianos.
El gobierno de Trump se irritó, y en septiembre la degradación de la relación bilateral se aceleró: Trump empezó a atacar a presuntas narcolanchas en el Caribe, algo que Petro calificó de «ejecuciones extrajudiciales».
Poco después llegó el duro golpe de la descertificación, que puso en peligro centenares de millones de dólares en ayuda bilateral.
Petro quiso movilizar no solamente a América Latina en la denuncia de los ataques, sino incluso a la opinión pública estadounidense.
Desembarcó en Nueva York para la Asamblea General de la ONU y se manifestó en las calles de la ciudad, donde directamente pidió a los estadounidenses que plantaran cara a Trump.
El secretario de Estado, Marco Rubio, le quitó el visado, luego hubo anuncio de sanciones personales, contra él y su familia.
Trump lo acusó de ser un «líder del narcotráfico» y le advirtió que tenía que «cuidar su trasero» si no quería que Colombia corriera la misma suerte que Venezuela.
El derrocamiento del líder venezolano Nicolás Maduro supuso el momento más delicado de esa relación tormentosa. Pero fue también el aliciente para que ambos hablaran, según coinciden fuentes diplomáticas en Washington.
Con su visa temporal de entrada, Petro cuenta aprovechar el tiempo en la capital estadounidense: además de su propia rueda de prensa, se reunirá con congresistas, acudirá a la Organización de Estados Americanos (OEA) y dará una conferencia en la universidad de Georgetown.
Petro deja la silla presidencial en agosto, mientras que a Trump le quedan tres años, y en medio, unas decisivas elecciones legislativas. AFP












