En el mundo actual en el que vivimos, cómo dejar de preocuparnos si tantas cosas parecen amenazarnos. Vivimos en un mundo donde reinan la violencia, la mentira y la corrupción. La alegría de vivir ha desaparecido, nuestro amor por la vida se está deteriorando.
La ilusión constante de la satisfacción que ha de producirnos los bienes externos, destruye nuestra calidad de vida, destroza la oportunidad de vivir la vida con alegría.
En este mundo globalizado, se vive en una constante búsqueda de la felicidad, la preocupación de los bienes materiales se ha convertido en una obsesión; todo el tiempo se piensa en ellos.
Bien sabemos que todo proyecto que uno emprende para conseguir la felicidad, puede realizarse y culminar con éxito o malograrse: ninguno está nunca asegurado. Como decía Camus: “vivir peligrosamente; vivir en riesgo permanente, batallando contra nosotros mismos y con las contingencias que no podemos controlar, no conduce a la felicidad”.
La tragedia del mundo contemporáneo es que: el ser humano ha disfrazado lo inhumano bajo las engañosas formas que el mercado ofrece como si fuesen la encarnación de la felicidad.
Un alto porcentaje de seres humanos ha caído en la trampa: ha confundido el ser con el tener, y cifra el éxito en acumular riquezas materiales con las que va atiborrando su vida, con la creencia de que es más feliz quien más posee.
La riqueza se convierte en el objetivo supremo de la vida, sin considerar que no es la acumulación de cosas que al final se quedan en el opaco mundo y que sólo sirve de motivo de discordia a los sobrevivientes. No se busca el perfeccionamiento ni la realización de la propia humanidad.
También debemos hacer consciencia de que existe el MUNDO DE LOS CRUCIFICADOS, que no es un lugar excepcional o esotérico… es un mundo donde millones de seres humanos mueren de la lenta crucifixión, que les produce el hambre, la miseria, el desempleo, la injusticia etc.
Otro mundo relevante es de la política en el que el poder se viste fácilmente con las innombrables máscaras de todos los cinismos. El cinismo suele ser la principal virtud del poder, dedo mágico de Midas, capaz de transformar en diamantes las inmundicias que se producen en las trastiendas del poder, donde impera la ignominia. Ahí, la justicia se vuelve ciega, sorda y hasta exige pruebas increíbles e imposibles. Finalmente, los malvados salen más santos que nunca. (O)








