“Silencios y estallidos de fuego, poesía de Jorge Román Astudillo y Astudillo”, así titula una antología de la obra poética del escritor cuencano, fallecido recientemente en la ciudad de Guayaquil, publicación de la Universidad Laica” Vicente Rocafuerte,” institución educativa de la que fue catedrático y permanente animador cultural, como lo fue en la Universidad de Guayaquil y en el Colegio “Vicente Rocafuerte”.
Con un estudio introductorio de Humberto Salvador para quien, se trata de una poesía vigorosa, apasionante y original, con una jerarquía épica de resonancias universales. Un segundo preámbulo de Ignacio Carvallo Castillo, quien considera que el poeta busca respuestas en la inmensidad de la metafísica y hacia allá orienta sus interrogantes existenciales, poesía que, como una oración violenta, se dirige a Dios como protesta y clamor, dice y continúa, haciendo una poesía elegíaca que lamenta con terrible acento bíblico la destrucción del mundo. Esta antología, publicación de la Universidad Laica “Vicente Rocafuerte”, recopila su poética fundamental expresada en los siguientes poemarios: El Silencio de Dios, publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, “Benjamín Carrión“, Núcleo del Guayas, 1973; Salmos y Estallidos, publicación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, 1980; Cóndores de Fuego, publicación de la Universidad Laica “Vicente Rocafuerte”, 1982; Siete cartas para el hijo, publicación de la Universidad Laica “Vicente Rocafuerte”, 1988. También trae una sección de críticas vertidas sobre su obra: Juicios sobre la obra del autor, con textos de Miguel Ángel Zambrano, Augusto Arias, León Vieira, Ileana Espinel, Ignacio Carvallo, José Antonio Gómez, Rolando Campino, Miguel Grinberg, Francis O’Leary, L. Santamaría, Ariel Canzani, Augusto del Pino, Guillermo Hernández de Alba.
Finalmente, una selección de sus últimos trabajos líricos: Al revés de la historia, una suerte de contemplación y celebración de sus júbilos y credos, de los pequeños grandes detalles que dan calor y lucidez a la existencia como la evocación al padre, la contemplación de unas manos, de una postal, un diálogo, entre ternuras, de un padre con su hijo. En suma, una obra que permite un acercamiento a la obra vital del poeta, su búsqueda incesante y su encuentro con Dios en las cosas simples y por lo mismo bellas y trascendentes de la Creación. “Los niños son la sonrisa de Dios”. (O)










