Parodiando un verso inicial de las inmortales Coplas de Jorge Manrique, bien cabría traerlo a estos tiempos convulsos en los que la conciencia humana, largamente adormecida, comienza a despertar para defender su naturaleza, su dignidad, su sustento y su vida misma:/“Recuerde el alma dormida,/
avive el seso y despierte,/ contemplando/ cómo se pasa la vida tan callando…”/.
Ese llamado, hoy, no desemboca en silencio, sino en desborde: la conciencia herida se transforma en turbulencia, en marea humana, en clamor colectivo.
Un hecho histórico se vivió en esta ciudad el pasado 16 de septiembre: Una multitud recorrió las calles de Cuenca para protestar contra la letal destrucción de la naturaleza que implicaba el proyecto minero Loma Larga, exigiendo su nulidad. Los oportunismos que intentaron capitalizar la movilización fueron rechazados por la ciudadanía, que prefirió evocar a luchadores históricos de la causa, como Yaku Pérez G.
La ambición por las riquezas del subsuelo aurífero del Azuay se remonta a inicios del siglo pasado, especialmente en pueblos surorientales como Chordeleg y Sígsig, territorios privilegiados tanto en recursos naturales como en patrimonio arqueológico. Desde tiempos lejanos, la Comuna San Sebastián del Sígsig ha defendido sus derechos y ha protestado contra los abusos cometidos en su territorio y contra la alteración de su forma de vida, particularmente con la minería indiscriminada.
A pocos meses de la histórica movilización del “Quinto Río de Cuenca”, en rechazo a la minería, el 26 de enero se produjo otra expresión de conciencia colectiva en Sígsig: el Turbulento Parto de un Nuevo Cauce, que exigió igualmente el fin de la minería ilegal, la protección de la cuenca hídrica y la presencia de operativos militares en la zona. Es justo reconocer el apoyo del señor alcalde Holger Duchitanga, de la activista Aracely Nugra y de otros ciudadanos que sostienen esta lucha con firmeza y convicción.
A estas demandas se sumó otra: la oposición a la construcción de un camal en un sector del río Santa Bárbara, en el encañonado de Cachihuyaco, un paraje de singular belleza natural que, en lugar de ser protegido y puesto en valor, se pretende sacrificar con la instalación de un camal. Ello afectaría directamente a barrios como La Tejería y El Estadio, así como a un importante complejo deportivo que acoge a miles de personas, especialmente durante las reconocidas Jornadas Deportivas Vacacionales.
Es deber de conciencia del señor Alcalde desoír a una interesada autoridad provincial y otorgar aquiescencia a las legítimas demandas planteadas por mi homónimo, en representación de la sigseñidad. (O)










