Elijo la esperanza

El problema de escribir una columna de análisis político en el Ecuador es que la realidad ofrece una gama tan amplia de temas que decidirse por uno solo resulta casi imposible. Podría dedicar estas líneas las diversas cortinas de humo empleadas para distraer a la opinión pública y a la élite política del Caso Godoy. He cuestionado reiteradamente los desaciertos políticos y comunicacionales del partido de gobierno, del presidente Noboa y de su entorno, especialmente por la defensa pública al presidente del Consejo de la Judicatura, Mario Godoy, pese a las denuncias presentadas en su contra. Difícilmente se podrá restablecer la confianza en la independencia del sistema judicial mientras Carondelet aparezca tan cercanamente involucrado en este proceso.

También podría analizar la estrategia de gestión de crisis del alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, principal figura de oposición al gobierno, quien ha enfrentado varias intervenciones judiciales en un contexto donde la sospecha de presión política es evidente. Cualquiera sea el desenlace de este nuevo caso, el resultado parece conducir a una mayor fragilidad de la clase política en su conjunto. Nada de esto fortalece los valores democráticos ni contribuye a reconstruir la confianza ciudadana.

Quizá es mejor referirme al fenómeno Bad Bunny en el show de medio tiempo de la liga de futbol americano y al interés de esta por ampliar su mercado hacia públicos más diversos. Más allá del debate cultural que fueron generados por el artista y su propuesta, no es ingenuo interpretar esta consesión cultural del uso del español y exponer conceptos de latinidad como una estrategia de marketing deportivo. Al final, se trata de una operación de extensión de marca cuidadosamente calculada.

Sin embargo, frente a la negatividad de estos escenarios, prefiero detenerme en una noticia distinta y elegir la esperanza. Escribo esta columna mientras observo en redes sociales los esfuerzos de universidades y colegios por reafirmar en niñas y señoritas su potencial científico. La declaratoria de la UNESCO del 11 de febrero como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia busca incentivar su participación en un ámbito que aún permanece mayoritariamente masculinizado. Sin querer competir ni desplazar, es evidente que la diversidad de miradas que aportan las mujeres enriquece profundamente el desarrollo científico. Cada iniciativa que visibiliza a una científica puede convertirse en la inspiración de una niña que, desde los experimentos en casa o en el laboratorio escolar, descubra la posibilidad real de convertirse en investigadora.

En un entorno político crispado, estos gestos no son menores. Recordarnos que existen espacios de construcción, cooperación y esperanza es también una forma de resistencia democrática. (O)

@avilanieto

Dra. Caroline Ávila

Dra. Caroline Ávila

Académica. Doctora en Comunicación. Especialista en Comunicación Estratégica y Política con énfasis en Comunicación gubernamental. Analista académica, política y comunicacional a nivel nacional e internacional.