En el mundo del deporte de alta precisión, la diferencia entre el éxito y el olvido se mide en milímetros y en la capacidad de controlar los latidos del corazón. Fernando Pozo, uno de los referentes del Tiro Olímpico en Ecuador, personifica esta dualidad de calma y rigor técnico. Además, en una reciente entrevista para Diario El Mercurio, el atleta detalló cómo su pasión, nacida de la curiosidad infantil, se ha transformado en una carrera profesional. Hoy, esta carrera apunta a las plazas olímpicas.
La historia de Pozo con las armas comenzó de la mano de su tío, un aficionado y coleccionista que le introdujo a él y a su hermano en el manejo de armas de aire. Lo que empezó como un juego disparando a botellas y cartones, tomó un giro serio. Esto ocurrió cuando, a los 13 años, participó en un torneo intercolegial.
Fue allí donde conoció a su mentor, Wilfredo de la Torre, quien lo guio hacia las modalidades olímpicas. «Él me explicó que había rifle y pistola… a mí siempre me gustó más la pistola», recuerda Pozo. Curiosamente, su elección tuvo un componente práctico: «En pistola no necesitamos muchos complementos o uniformes… en rifle me daba pereza llegar y ponerse las botas y el traje; en pistola uno sacaba el arma y ya estaba entrenando».
Para Pozo, el tiro es tanto un ejercicio físico como un duelo mental. Explica que, aunque la distancia es estándar (10 metros), el entrenamiento incluye técnicas para «engañar» al cerebro y mejorar la estabilidad. Por ejemplo, una de ellas consiste en voltear el blanco para no ver el círculo negro. Así se evita que la vista se distraiga del enfoque principal: la mira delantera de la pistola.
El deportista admite que el manejo de los nervios es el obstáculo más persistente, especialmente en el primer y último disparo de una competencia. «La parte psicológica juega bastante… si te demoras mucho, tienes más tiempo de pensar, y en ese punto tienes demasiados pensamientos y es como: ‘ya cállate'», confiesa con sinceridad sobre la presión del cronómetro.
El retiro, el retorno y el éxito internacional
Tras ocho años de trayectoria, Pozo se alejó de las canchas durante cinco años para priorizar su formación académica y profesional. Sin embargo, en 2022 la motivación regresó. «Siempre estaba pendiente de los resultados de mis compañeros… me animé a regresar y mis amigos del extranjero eran más felices que yo mismo de verme de vuelta». (D)











