La eliminación de los revocos, enlucidos, encalados o “blanqueados”, característicos de la arquitectura republicana que tiene la ciudad de Cuenca, prácticamente desde el siglo XIX, debería ser un tema de preocupación para las instancias que regulan el patrimonio edificado. Este gusto social traído desde Europa, presumiblemente por influencia de la restauración del patrimonio industrial o de los edificios mudéjares de España, es una especie de moda que, viene acentuándose cada vez más, en los últimos años. Ojo, que no nos referimos a las nuevas construcciones en ladrillo visto, muchas de gran belleza, dicho sea de paso. Hablamos de esta suerte de eliminación de la piel de la arquitectura de Cuenca, que inclusive, modifica el paisaje urbano histórico, si nos enfocamos en el centro mismo de la ciudad. Este despellejamiento de las casas resulta agresivo cuando vemos que, en la mitad de una cuadra, en la que se aprecia más o menos un estilo, irrumpe tremendamente una casa “pelada” que cambia la perspectiva visual del tramo de las edificaciones. Tenemos que recordar que, este estilo proporciona la identidad a la arquitectura patrimonial cuencana y que, resulta urgente la conveniencia de respetar este elemento como un aspecto fundamental, en el marco de la actuación cuando se realiza la restauración de una casa patrimonial. Se dan casos en los que, se procede a lastimar los ladrillos para darles un aspecto vetusto que, claro nunca lo tuvieron. No deja de ser una transformación sustancial, una actuación bajo criterios ciertamente prácticos pero que no se corresponden al concepto de la conservación. El carácter patrimonial de una edificación se define justamente en sus particularidades y elementos asociados, a mantenerse en su integridad, autenticidad y puesta en valor. (O)









