Lamentable resulta en el país, los indicativos en torno a la delincuencia de menores de edad, siendo la Costa y Pichincha los lugares con cifras más altas.
No es equivocado pensar que gran parte del problema radica en las familias de padres separados, por la carencia de dinero para afrontar la educación de los hijos menores y, por tanto, sin estudio y sin dinero, los menores optan por la delincuencia que les proporciona posibilidades de sostenimiento.
Deplorable este grave problema nacional que debería buscar de parte de las autoridades y de los centros de educación, aquellas instituciones de ayuda social y especialistas en el tema de la violencia y de la delincuencia para desarrollar una campaña que combata esta lamentable situación, que toma presos a los niños y los corrompe.
Las cifras en Azuay no son considerablemente altas, no obstante es importante fortalecer el seguimiento permanente en las escuelas y colegios de la provincia, a fin de evitar el colapso de las vidas de los niños que merecen mejores días en su desarrollo y en su pertenencia a un centro educativo que los guíe y los prepare para la vida. El futuro del país dependerá de su niñez y juventud y a ellos hay que otorgarles dedicación y seguimiento. (O)






