Cada 20 de febrero se conmemora una fecha dedicada a celebrar a los gatos, una oportunidad ideal para reflexionar sobre su bienestar y desmontar creencias que, durante años, han generado percepciones erróneas sobre estas mascotas.
A pesar de ser uno de los animales de compañía más populares en el mundo y de que su presencia en los hogares ha crecido de forma sostenida, los gatos siguen siendo catalogados como ariscos, independientes en exceso, poco afectivos y hasta traicioneros. Pero ¿cuánto de esto es verdad?
“Los gatos no son ariscos; son animales con un lenguaje distinto al de los perros. Entender su comportamiento es la clave para construir una relación sana y respetuosa”, afirma Andrea Aguirre, vocera de Mundo Mágico de la Mascota. Desde esa mirada, la especialista subraya la importancia de informarse y observar con atención las señales que entregan los felinos, en lugar de interpretarlos bajo parámetros que no les corresponden.
Pero ¿cuáles son los mitos más comunes que persisten en torno a los felinos? Estos son siete de los más extendidos:
- Mito: “Los gatos no demuestran cariño a sus dueños”
Realidad: Sí quieren y mucho.
No lo hacen moviendo la cola, pero lo hacen con otro lenguaje cuando: ronronean cerca de su dueño, se frotan en sus piernas, “amasan” con sus patas, duermen a su lado o lo siguen por la casa. El vínculo felino es más sutil, pero igual de fuerte.
- Mito: “Son totalmente independientes y no necesitan cuidados”
Realidad: Autónomos, sí. Autosuficientes, no.
Los gatos necesitan: vacunación y desparasitación periódica, alimentación adecuada según edad y condición, estimulación física y mental, chequeos veterinarios anuales y hasta cuidado dental.
“Pensar que el gato se cuida solo es uno de los errores más comunes. El bienestar felino depende de la prevención y de un entorno enriquecido de acuerdo a su naturaleza”, señala Aguirre.
- Mito: “No se pueden educar”
Realidad: Claro que se puede.
Los gatos no obedecen por jerarquía como los perros, sino por motivación y asociación positiva. La clave está en el refuerzo positivo, un gato puede aprender a: responder a su nombre, usar correctamente el arenero, respetar ciertos espacios, incluso a realizar pequeños trucos.
- Mito: “Son traicioneros”
Realidad: Los gatos no atacan “de la nada”.
Cuando muerden o arañan generalmente están comunicando: estrés, sobreestimulación, dolor o miedo. La cola rígida, orejas hacia atrás o pupilas dilatadas son señales claras. El problema no es el gato; es que no siempre sabemos leerlo.
- Mito: “No necesitan jugar”
Realidad: El juego es fundamental.
A través del juego los gatos canalizan su instinto cazador, reducen ansiedad, previenen el sobrepeso y evitan conductas destructivas. Rascadores, juguetes interactivos y espacios verticales no son lujos: son herramientas de bienestar.
- Mito: “Los gatos son destructivos”
Realidad: Están expresando su naturaleza.
Cuando arañan muebles o botan objetos, están: afilando sus uñas, liberando energía, marcando territorio o activando su instinto cazador. El comportamiento cambia cuando el entorno está adaptado a sus necesidades, la clave está en ofrecer rascadores, juguetes interactivos y rutinas de juego diario. Con estimulación adecuada, el gato no destruye: se equilibra.
Los gatos no son complicados; son diferentes. Comprender su lenguaje, respetar su naturaleza y ofrecerles un entorno adecuado es la clave para construir vínculos fuertes, sanos y duraderos. AFP












