La legitimidad es clave al momento de gobernar. En tiempos de democracias líquidas y sociedades híper polarizadas, no se adquiere únicamente con el resultado electoral; se construye y se ratifica día a día. Un gobernante se vuelve legítimo cuando gana elecciones, pero sostiene esa legitimidad cumpliendo sus promesas y gestionando el conflicto sin anularlo. La crítica no debilita la democracia, la pone a prueba. Cuando esa capacidad de gestión se debilita, algunos gobiernos, en particular aquellos con rasgos autoritarios, buscan reafirmarse a través de estrategias de control que apelan al temor como mecanismo de cohesión y disciplina.
En el escenario político actual comienzan a advertirse dinámicas que distintos sectores interpretan como parte de ese patrón. Frente a voces críticas como la del alcalde Aquiles Álvarez, la disputa política ha derivado en procesos judiciales que el Gobierno defiende como actuaciones legítimas del Estado de derecho, mientras sus detractores los consideran una forma de presión institucional. En el ámbito mediático, las tensiones con periodistas y medios como Diario Expreso han abierto debates sobre posibles presiones regulatorias o empresariales que podrían incidir en la autonomía editorial, aunque desde el oficialismo se niegue cualquier intención de limitar la libertad de prensa. Del mismo modo, colectivos como Yasunidos y actores de oposición están enfrentando sanciones o procesos administrativos que, aun cuando dicen estar amparados en normas vigentes, son percibidos por algunos como señales de endurecimiento institucional.
El efecto del miedo suele producir silencio. En contextos atravesados por inseguridad, precarización laboral y dificultades cotidianas, parte de la ciudadanía puede optar por la prudencia antes que por la confrontación. Sin embargo, la experiencia política muestra que la legitimidad basada en el temor es frágil: puede contener la crítica en el corto plazo, pero difícilmente sustituye al consenso construido desde la confianza. La pregunta no es si el miedo genera obediencia -porque lo hace-, sino cuánto tiempo puede un gobierno sostenerse por efecto del miedo.









