Sin dar explicaciones, el presidente Daniel Noboa, responsable de la política internacional, resolvió romper relaciones diplomáticas con Cuba, declarando “non grata” a toda la misión de este país en el Ecuador.
Tal decisión viene en momentos en los cuales el Gobierno de Donald Trump asedia a Cuba, dejándole sin el suministro de petróleo, y aplicando duras sanciones arancelarias a los países que osen entregarle.
También ocurre justo cuando Trump organiza su cumbre hemisférica: “Escudo de las Américas”, para “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”, invitando a sus homólogos que se alinean con sus políticas, entre ellos a Noboa.
Podría decirse también, justo cuando Estados Unidos decide apoyar al gobierno ecuatoriano de manera contundente en su lucha contra grupos narcocriminales transnacionales.
Las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos son de las mejores. No convendría que por acrecentarlas o para conseguir mayor apoyo se pretenda darle un espaldarazo a su hostigamiento contra Cuba, así que la dictadura que la gobierna por más de 65 años sea reprochable.
Casa adentro, por cuestión ideológica; también por parecer de oposición, grupos organizados protestan por el rompimiento con Cuba cuyo gobierno, asimismo ha expresado su rechazo.
La aparente quema de documentos por parte de la misión cubana, un método común y corriente cuando ocurren eventos como el anotado, es sujeta a especulaciones de todo tipo.
Así proceden todas las embajadas y consulados de los demás países, dando cumplimiento a protocolos de evacuación.
Lo acontecido se suma al rompimiento de relaciones con México tras la detención de Jorge Glas en la embajada de este país en el Ecuador, con las consecuencias ya conocidas.
No es de similar naturaleza, pero la “guerra arancelaría”, bajo el nombre de tasa de seguridad, es otro signo demostrativo de la política internacional del gobernante. ¿Cuánto más vendrá?










