Si miramos diez años hacia atrás, reconocemos fácilmente cuánto hemos cambiado. Pero cuando miramos diez años hacia adelante, pensamos que ya somos más o menos la versión definitiva de nosotros mismos. Los psicólogos llaman a esto el “End of History Illusion”, un sesgo que nos lleva a creer que nuestra identidad ya está bastante definida, aunque la evidencia muestra que seguimos cambiando durante toda la vida.
El concepto fue estudiado por el investigador de Harvard Daniel Gilbert, quien afirma que la historia de nuestra vida continúa, aunque tengamos la impresión de haber llegado al capítulo final.
Tal vez por eso sentimos ansiedad frente al futuro. Si creemos que nuestra identidad está completamente formada, cualquier cambio se percibe como una amenaza, y la incertidumbre deja de ser una posibilidad y se convierte en riesgo.
Esa idea parte de un error que consiste en imaginar que los desafíos del futuro serán enfrentados por la misma versión de nosotros que existe hoy. Como si el tiempo avanzara, pero nosotros permaneciéramos intactos, cuando en realidad ocurre lo contrario.
Las experiencias modifican nuestras perspectivas, los desafíos desarrollan nuevas habilidades. Cada etapa de la vida redefine lo que valoramos, ya que no somos seres terminados, sino dinámicos, nos transformamos a diario.
Cuando entendemos esto, la incertidumbre deja de ser únicamente una fuente de preocupación y empieza a verse como una oportunidad. Porque el futuro no solo traerá nuevos problemas, también traerá nuevas versiones de nosotros mismos capaces de enfrentarlos.
Y sí, nuestra capacidad de cambio es mucho mayor de lo que imaginamos, y la historia de nuestra vida no ha terminado, apenas está escribiendo un nuevo capítulo. (O)
@ceciliaugalde






