Al cruzar la puerta de lo laboral

Ingresar al mundo laboral suele comenzar con ilusión, es el momento en que los años de estudio buscan volverse realidad y el esfuerzo aspira a tener un lugar concreto. Uno llega con la esperanza simple de aportar, aprender y demostrar que lo aprendido sirve para algo más que obtener un título. Sin embargo, tarde o temprano, la vida laboral revela matices más complejos.

Trabajar no es solo cumplir tareas, es entrar en un territorio atravesado por dinámicas humanas, códigos no escritos y jerarquías donde a veces pesa más la antigüedad que el mérito. En ese escenario, al empleado nuevo –sobre todo si es buena persona, joven, preparado y entusiasta- con frecuencia le “ponen la cascarita”. No siempre ocurre de forma abierta: aparece en silencios incómodos, resistencias disfrazadas de rutina o indiferencia hacia sus ideas, que terminan relegadas más por inercia colectiva que por falta de valor. La llegada de alguien nuevo –más aún si es ingenuo – puede alterar equilibrios antiguos y despertar malicias -conscientes o no- de los avispados de carrera.

Así surgen tensiones que poco tienen que ver con la capacidad profesional. En ese ambiente, el recién llegado no solo debe demostrar lo que sabe hacer, sino aprender -muchas veces a fuerza de tropiezos- a leer gestos, distancias, lealtades e incluso, anticiparse al siguiente movimiento; aquí la resiliencia se vuelve clave: en contextos tensos, los errores del nuevo suelen amplificarse mucho más que los de quienes llevan años en el cargo.

Pero sería injusto mirar esta realidad desde un solo lado. Si somos honestos, todos hemos estado en ambas orillas: alguna vez fuimos “los nuevos” buscando nuestro lugar y, en otro momento, también sentimos una incomodidad silenciosa frente a quien llega con ideas frescas o talentos visibles. 

Esta reflexión es también un mea culpa porque cuesta admitirlo: el celo profesional, el miedo a perder el trabajo o incluso, una sombra de envidia, pueden colarse en reacciones que se vuelven problema cuando estás dominan nuestras acciones;  lo cierto es que cuando el talento ajeno se percibe como amenaza, no solo pierde quien llega, pierden todos, pierde el equipo, pierde la institución y se cierra la puerta a lo más valioso que puede tener cualquier organización: la capacidad de renovarse, aprender y crecer gracias a quienes llegan con algo nuevo que ofrecer. (O)

Mgtr. Vivianna Bernal

Mgtr. Vivianna Bernal

Servidora de carrera y profesional en temas de género, violencia y seguridad ciudadana. Realiza asesoría a través de su marca personal “Soy Violeta”.