María Magdalena Biracucha Bravo desapareció en circunstancias extrañas del Centro Histórico de Cuenca hace 47 años, cuando tenía apenas 12 años. A pesar de los esfuerzos, su familia no logró conocer su paradero.
Ahora, sus hermanas Martha, quien reside en Macas; Priscila, en Cuenca; y Raquel y Lucía, radicadas en Estados Unidos (EE.UU.), se han unido para retomar su búsqueda y mantener viva la esperanza de hallar respuestas.
Sus padres, Julio, de 80 años, y Rosa, de 79, en los primeros años de matrimonio vivieron en Cariamanga, en Loja. Allí nació María Magdalena el 10 de abril de 1967. Era la segunda de cinco hermanas y un hermano, quien ya falleció.
La familia se trasladó luego a Quito y finalmente se estableció en Cuenca, donde arrendó una vivienda en las calles Gaspar Sangurima y Hermano Miguel, cerca de la Rotary.
Martha, la mayor de las hermanas, relató que su padre trabajaba como zapatero, mientras que su madre se dedicaba a las labores del hogar. Además, utilizaban su vivienda como bodega para generar ingresos que les permitieran cubrir el arriendo.
Desaparición
Recordó que un domingo, como era habitual, su padre solía llevarlas a donde actualmente funciona la Universidad Politécnica Salesiana (UPS), donde existían juegos infantiles, en busca de un espacio de recreación.
Ese día, su padre decidió que María Magdalena no podía asistir porque no había cumplido con su tarea escolar, que consistía en una costura. La niña se bajó del bus y regresó a casa, donde la esperaba su madre.
Para evitar verla triste, su madre le pidió que fuera a una tienda ubicada a pocos metros de la vivienda, y desde ese momento no volvieron a verla. Según lo que lograron averiguar, sí hizo la compra.
Relató: “Dicen que una señora la vio subirse a un taxi con una gringa, pero eso nos lo contaron hace unos dos o tres años; es la única pista que tenemos, es lo único que sabemos…”.
En medio de la desesperación por su desaparición, sus padres presentaron una denuncia ante lo que en ese entonces era el Servicio de Investigación Criminal (SIC) de la Policía Nacional.
Investigación
Martha recordó: “Me acuerdo de dos agentes que llegaban donde mi mamá a decirle que tenían una pista y le pedían dinero para trasladarse, pero nunca encontraron nada”.
Añadió: “Mi mamá la buscó por todas partes. Acudió a la radio, al periódico e incluso a un programa infantil que se transmitía en Teleamazonas. Hizo volantes y no hubo resultados”.
Hay un aspecto que llama la atención de la familia: los datos de María Magdalena ya no constan en el Registro Civil, por lo que presumen que pudo haber sido sacada del país de forma ilegal.
Esto, pese a que conservan una partida de nacimiento mecanografiada, emitida por la Jefatura Cantonal del Registro Civil de Calvas el 3 de marzo de 1976 donde están todos sus datos.
Acotó: “Mi hermana Priscila ha buscado y ya no aparecen los datos de nuestra hermana. Por eso creemos que pudo haber sido sacada del país de manera ilegal, en una adopción o por alguna red…”.
Esperanza
Añadió: “Ella ya entendía todo, tenía 12 años. Tal vez estuvo muy resentida y dejó influir de alguien, eso pensaba yo. Este abril cumpliría 59 años y sería una gran noticia para todos poder encontrarla…”.
Martha puntualizó que conserva una fotografía tomada meses antes de su desaparición. “Es la última imagen que tenemos; en ese tiempo era costoso tomarse fotos, y la guardamos como un recuerdo”.
Afirmó: “Ha pasado tanto tiempo, han ocurrido muchas cosas, pero ella siempre está en nuestros recuerdos, en nuestros sueños, y esperamos el milagro de volver a verla y abrazarla…”.
Concluyó: “Si mi hermana ve este reportaje, le pedimos que se contacte, que nos haga saber dónde está. Todos los días la extrañamos, todos los días pensamos dónde estará…”.
Adopciones a Noruega
En Noruega hay un grupo de hombres de origen ecuatoriano que fueron adoptados cuando eran niños, en condiciones y mediante procedimientos que no están del todo claros.
Uno de ellos es Miguel Ángel Myklevik, de 37 años, de Elverum, un municipio de la provincia de Innlandet. Nació en Cuenca el 6 de abril de 1988, según consta en su cédula de ciudadanía.
En 1989, cuando tenía un año y ocho meses, fue entregado en adopción a una pareja noruega: Svein Gottfred Myklevik, entonces de 50 años, y Bente Myklevik Evensen, de 30. Ambos eran residentes de Elverum.
Antes de la adopción, el niño cuencano se llamaba Miguel Ángel Torres Torres. Llevaba estos apellidos porque vivía en el orfelinato Tadeo Torres, ubicado en esta ciudad.
De acuerdo con un documento judicial, su adopción fue legalizada a las 11:30 del 11 de diciembre de 1989 ante el Tribunal de Menores del Azuay. En ese entonces, Sor María Esther López era la directora del Tadeo Torres.
Juan Luis Andersen Opseth, de 41 años, reside en Oslo, en Noruega. También fue entregado en adopción, trámite que fue legalizado por el Tribunal Segundo de Menores de Pichincha el 23 de agosto de 1988, cuando tenía cuatro años.
Sus padres adoptivos constan en un expediente como Orla Andersen y Karin Opseth, ciudadanos de Dinamarca, de 35 y 38 años, respectivamente. El proceso se hizo en Quito.
Antes de ser adoptado, Juan Luis llevaba los apellidos Bolaños Bolaños y, según su cédula ecuatoriana, nació el 5 de abril de 1984. Vivía en el orfelinato San Vicente de Paúl, en Quito.
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