En pocos días, el Operador Nacional de Electricidad Cenase difundió un par de informaciones no del todo agradables.
El martes 17 de marzo pidió a los Grupos Electrógenos de Emergencia, es decir, a las empresas privadas, encender sus motores y turbinas, “considerando la reducción sostenida de los aportes hídricos” a la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair.
El Ministerio de Energía aclaró que aquella no era una obligación. Tampoco es que haya “alerta de déficit”.
Este viernes 20, Cenase informa que el embalse de Mazar, que abastece al complejo hidroeléctrico Paute, desde el martes 12 de marzo está a la baja, debido a la merma considerable de los caudales.
Las autoridades energéticas, hasta por un elemental sentido de ética púbica, están obligas a informarle al país con total transparencia.
No es nada del otro mundo que el caudal del río que abastece a Coca Codo Sinclair esté a la baja con el agravante de que esta central, contrario a la de Paute, no tiene represa.
Es sabido también que cuando amainan las lluvias en el Austro, merman los caudales de los afluentes del río Paute.
El nivel del embalse de Mazar, si bien no está al límite, su descenso ya es notorio según los reportes del Cenase.
En efecto, luego de varias semanas de intensas y hasta destructoras lluvias, el verano está en todo su esplendor.
Toda la vida, Ecuador ha estado a merced de las lluvias para tener electricidad en alrededor del 65 % o 70 %.
La diferencia la suple la energía proveniente de las centrales térmicas y eólicas. La comprada a Colombia es parte del pasado a raíz de la “guerra comercial”.
Mientras la demanda de energía eléctrica crece año tras año, la oferta no tiene el mismo comportamiento.
La compra de energía térmica a empresas internacionales, salvo una que otra excepción, ha sido un fracaso, incluso condimentada con indicios de corrupción.
En conclusión, “el mismo cuento de nunca acabar”.








