En febrero del 2022 cuando Rusia invade Ucrania, la banca reacomodo sus portafolios, el riesgo del sector florícola puso en alerta al evaluar que a mas de los EEUU otro mercado importante para las exportaciones de flores constituía Rusia. A más de la restricción de colocaciones, la banca también sintió la subida temporal de las tasas de interés. Desde mi punto de vista, la nueva guerra en medio oriente influirá en subidas moderadas de la tasa de interés. El entorno se esta volviendo bastante irritable. A pesar de que los inversores están centrados en el corto plazo y en la renta fija, los riesgos geopolíticos están impulsando la inflación (alza de varios precios como la energía, por ejemplo) y subidas en las tasas de interés, que repercutirían en mayor morosidad crediticia.
Sin embargo, en nuestra economia, donde los valores bancarios tienen poco o ningún atractivo para los inversores, por lo que los shocks externos no influyen en su precio y las repercusiones -de extenderse la guerra- no tendrán un efecto desequilibrante, pero sí encarecerá el fondeo externo de los bancos y podría volver más oneroso el crédito, desacelerando la inversión productiva. Un incremento de 100 puntos básicos en los tipos de interés permite un alza en el margen de intereses de los bancos de entre el 4 % y el 5 %. Esa ganancia para el negocio bancario más básico ha sido rotunda para las cuentas de resultados de las entidades financieras desde 2019 y el motor que ha permitido encadenar beneficios históricos hasta 2025, un alza de tasas de medio punto puede suponer por sí sola un aumento del 3 % en el beneficio antes de impuestos de la banca ecuatoriana. Y el incremento en el riesgo de crédito capaz de neutralizar por completo ese efecto positivo tendría que ser de al menos el 17 %. La banca se beneficiaria de tasas más altas, pero enfrentaría mayor riesgo crediticio. (O)









