Al mirar las relaciones sociales encontramos que la confianza es un requisito indispensable sabiendo que la misma es la consecuencia de vivir honestamente como el pensamiento ético lo enseñó desde la antigüedad con la práctica de convivencia que lo honraba. Pero antes como ahora no es así, por eso precisamente la necesidad de tal principio, ya que su ausencia y, la violación de los acuerdos sellados con la palabra dada, destruyen la paz y la concordia. Hoy en día, La vida social y las relaciones internacionales en sí mismo son un desafío de convivencia creativa.
Si vemos a nuestro país la confianza es un valor que cada día se viola desde las mismas circunstancias de violencia que han sido cotidianas y que desde el 2018 en adelante se han practicado desde las orillas del delito común y del crimen organizado que actúa internacionalmente, la terminación del acuerdo que mantenía la base de Manta, puso en evidencia la claudicación del poder del estado y un subterráneo acuerdo como en México, en esta misma línea se entiende la actitud del gobierno de esos años con las narcoguerrilla de la FARC y más hechos que dieron por resultado el proceso que Francisco Huerta Montalvo denunció como narcopolítica. Los gobiernos de Moreno y Lasso pese a sus esfuerzos quedaron cortos para reestructurar el modelo constitucional del garantismo penal. Este gobierno ha puesto el acento en el control de la delincuencia en sus múltiples formas mediante el mecanismo de la declaratoria focalizada del estado de excepción.
Sin embargo, la acción delincuencial no cesa, se esparce y cambia de lugar, al punto de la necesidad imperiosa de tomar conciencia en la importancia trascendental de construir un acuerdo nacional para fortalecer la institucionalidad del ESTADO DE DERECHO. Ese es el camino para la paz nacional en un consciente acto de fe en la democracia con el cumplimiento cabal de los deberes ciudadanos. (O)








