Epicuro dijo que “nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”. Me parece fantástica la proposición en la medida que nos invita a pensar en qué es lo suficiente. Más allá de las fórmulas simplistas como las que sugieren que la insatisfacción proviene de la incapacidad de valorar lo que se tiene, que de alguna manera podría tener resonancias conformistas, considero que es necesario considerar el impacto cultural que han tenido los vectores de la rentabilidad y la acumulación en conceptos como el de suficiencia, que originalmente implicaba el tener lo necesario, sin exceso ni carencia, es decir que lo suficiente estaba en relación directa con lo necesario. En la sociedad consumista el equilibrio entre lo necesario y lo suficiente ha sido destruido. De hecho, el concepto mismo de equilibrio ya no es adecuado para una realidad asentada en la idea de progreso infinito. Estamos muy lejos de lograr la pacificación de la existencia pues el móvil del sistema es exactamente lo contrario: el desequilibrio, la desigualdad, la injusticia, lo insuficiente, y por supuesto la insatisfacción. En otras palabras, que el funcionamiento de nuestra sociedad se levanta sobre el malestar y se proyecta al futuro en lo que mi antiguo profesor, José María Tortosa llamó el mal-desarrollo. Sin saber qué es lo suficiente, de manera individual y colectiva, nos vamos deformando. Afectamos tanto nuestra salud como nuestro deseo. En la distorsión que produce la falta de equilibro afectamos nuestra perspectiva de las cosas, enloquecemos y destruimos el mundo. (O)





