Mientras el mundo concentra su atención en los nuevos brotes de ébola detectados en África central, en Ecuador persisten amenazas sanitarias más cercanas que avanzan con menor visibilidad.
La tuberculosis es una de ellas. Solo en Azuay, durante 2025, se registraron 167 casos y 13 fallecidos. Una enfermedad con tratamiento desde hace décadas.
A escala nacional, los datos del Ministerio de Salud Pública muestran un incremento durante los últimos tres años.
- En 2023 se registraron 8.278 casos.
- En 2024 fueron 9.435.
- En 2025 la cifra llegó a 10.562.
El aumento en dos años alcanza el 27 %. En Azuay, pasó de 149 casos en 2023, a 155 en 2024 y 167 en 2025.
“Más allá de caer en pánico ante las emergencias sanitarias, no debemos perder la atención sobre enfermedades cotidianas que, porque son frecuentes, pasan desapercibidas. Pero cuando revisamos las cifras, encontramos números muy altos”, advirtió Antonio Vallecillo, docente titular de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cuenca.

Alerta sanitaria
La reflexión coincide con la alerta sanitaria internacional declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 16 de mayo de 2026 tras los brotes de ébola detectados en República Democrática del Congo y Uganda, que reactivaron los mecanismos de vigilancia epidemiológica global.
Aunque Ecuador mantiene activo desde 2014 un protocolo para detección y manejo de casos sospechosos, actualizado bajo lineamientos de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), expertos advierten limitaciones estructurales.
Paúl Cárdenas, del Instituto de Microbiología de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), recordó que América Latina carece de laboratorios de bioseguridad tipo cuatro para analizar virus de alta peligrosidad como el ébola.
En Ecuador, el riesgo de que el virus llegue es bajo. “La movilidad humana hace técnicamente posible cualquier escenario, aunque la probabilidad es mínima”, indicó Vallecillo.
Sin embargo, la discusión abrió una pregunta más amplia: ¿qué tan preparado está el país para enfrentar eventuales amenazas sanitarias dentro de sus fronteras o cerca de ellas?
Amenazas más próximas
Más cercano que el ébola está el virus Oropouche, transmitido por insectos del género Culicoides.
Durante años, este patógeno circuló principalmente en la Amazonía.
Su reciente expansión hacia Centroamérica, el Caribe y otras áreas de Sudamérica demuestra que la región convive con enfermedades emergentes cuyo comportamiento epidemiológico puede cambiar.
Ese escenario expone una condición particular del Ecuador: su alta biodiversidad, que también implica riesgos asociados a microorganismos todavía poco estudiados.
“Ecuador está preparado parcialmente. Falta reforzar la formación de profesionales con capacidad para atender enfermedades emergentes y zoonóticas”, indicó Vallecillo, encargado en la cátedra de epidemiología y enfermedades infecciosas.
Cuando la salud empieza en el ambiente
El avance de enfermedades emergentes está vinculado con la transformación ambiental.
La expansión agrícola, la deforestación, el tráfico de fauna y la ocupación humana de ecosistemas alteran equilibrios biológicos y aumentan el contacto entre reservorios silvestres, animales domésticos y personas.
Dos de cada tres enfermedades infecciosas conocidas son zoonóticas.
Entre las emergentes, la proporción asciende a tres de cada cuatro.
El SARS, la influenza H1N1, el MERS y el Covid-19 forman parte de esa lista.
- El SARS (2002) viajó de murciélagos de herradura a civetas en los mercados de animales vivos de Guangdong, China, antes de llegar a las personas
- El H1N1 (2009) combinó genes de virus porcinos, aviares y humanos
- El MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio-2012) se transmite de dromedarios a personas
- El COVID-19 (2019) provocó la peor pandemia del siglo con más de 700 millones de contagios.
Las cuatro son zoonóticas, las cuatro emergieron del contacto entre la vida silvestre, los animales domésticos y los humanos.
Por eso, Vallecillo sostiene que la respuesta sanitaria debe incorporar el enfoque “One Health” o Una Salud, que articula medicina humana, veterinaria y gestión ambiental.
“Muchas enfermedades emergentes son consecuencia directa del impacto humano sobre el ambiente”, señaló.
Enfermedades prevenibles que persisten
Vallecillo advierte sobre la normalización de enfermedades conocidas.
La rabia provoca cerca de 59.000 muertes anuales en el mundo, pese a la existencia de vacunas para animales y humanos.
En Ecuador, el cáncer de cuello uterino continúa entre las principales amenazas para la salud femenina. En 2022 se registraron 1.792 nuevos casos y 939 muertes, pese a que existen vacunas y pruebas de detección temprana contra el virus del papiloma humano (VPH), principal causa de esta enfermedad.
La tuberculosis sigue aumentando pese a contar con tratamiento y vacunas.
Uno de cada cuatro pacientes con tuberculosis en Ecuador está privado de libertad.
En 2025 se registraron 2.576 casos en población penitenciaria, equivalentes al 24,4 % del total nacional.
Las condiciones de hacinamiento, ventilación deficiente, atención limitada y diagnóstico tardío convierten a las cárceles en espacios de alta transmisión.
En Azuay, de los 167 casos reportados en 2025, 36 correspondieron a personas privadas de libertad.
«No se trata de temer a la próxima emergencia sanitaria —entendible tras el COVID— sino de no perder de vista las enfermedades cotidianas que siguen cobrando vidas».
Vellecillo insistió en fortalecer vacunación, higiene, diagnóstico temprano, vigilancia epidemiológica y cooperación científica, además de revisar los impactos sanitarios asociados a los actuales modelos de ocupación y explotación del territorio.
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