Desde hace varios años, y comenzó en el gobierno correista, como la mayoría de males en el país, la adquisición de medicamentos e insumos para el funcionamiento correcto de los hospitales públicos se ha vuelto un verdadero cuello de botella, casi imposible de resolver para las autoridades encargadas y responsables de tales adquisiciones. Una serie interminable de “actores”, entre proveedores y compradores, procesos en línea de dudosa efectividad, escasez ficticia de determinados productos, tráfico de influencias, extorsión, asesinatos, sobreprecios, etc, conforman un marco tenebroso para una gestión que tiene que ver con el manejo de la salud de millones de usuarios del sistema público.
Como una medida extrema, el gobierno ha creado una empresa pública que se encargará, entre otras cosas, de la adquisición de medicamentos, insumos y equipos para las unidades de salud públicas, se encargará también de la refacción, reparación y construcción de establecimientos de salud en el país, así como el mantenimiento de los equipos existentes, administrará la nueva institución, incluido el personal que se requiera para tal objeto.
Como habitante de este país, deseo fervientemente que a la nueva empresa y al gobierno les vaya bien en este proyecto y que ojalá se logre resolver tan crítica situación, aunque ya se han levantado voces de especialistas en el tema que hacen observaciones dignas de tomarse en cuenta, como aquella de que, no porque se centralice un proceso éste se vuelve más eficiente. Ya en la época en que se desempeño como Ministro de Salud el doctor Edgar Rodas Andrade, se pusieron en práctica una serie de acciones descentralizadoras que probaron, en los años venideros, su eficacia y buenos resultados. Lamentablemente, la atávica inclinación de los funcionarios gubernamentales residentes en Quito, a creer que únicamente quienes duermen en las faldas del Pichincha y ganan sueldos estatales, tienen las suficientes neuronas para decidir la suerte del país y gozan de una especie de pedigre moral que los vuelve “inmunes” a las tentaciones mundanas, termina manteniendo al centralismo como un inapreciable logro. (O)





