DE HISTORIA EN HISTORIA
Imagínense que están en la Gran Bretaña industrial. Es de madrugada y todo está en penumbra. Las fábricas aún no empiezan a expulsar el humo inclemente, cuando en la calle alguien camina con un palo larguísmo. En la hilera de casas sólo se escucha el eco de sus pasos. De repente, se detiene frente a una fachada. Da varios golpes con el palo en una ventana del piso superior.
Este oficio fue llamado “knocker-up”, que podemos traducir como “despertador humano” en la Gran Bretaña del siglo XIX. Fue una solución práctica al horario que trajo la industrialización. Cuando el trabajo dejó de depender de la claridad de un nuevo día, quedarse dormido era arriesgarse a perder el sueldo o el empleo. Para resolver este problema, se contrataba a una persona que se encargara de despertar a la gente.
Muchas veces, los “despertadores humanos” eran los mismos trabajadores que buscaban ingresos extras. Las herramientas que utilizaban eran muy ingeniosas: la más común era la vara larga tipo caña de pescar; pero también llevaban matracas o paicas para lanzar guisantes secos. La clave consistía en ser muy sutil y hacerlo con precisión de cirujano para despertar sólo al que había pagado por este servicio.
Comenzaban su ronda muy temprano. Por lo general, a las dos de la madrugada, por lo que muchos dormían durante el día y se levantaban por la tarde para ir a trabajar cuando el resto dormía. En cierto modo, eran parte invisible de la ciudad como el que anunciaba el sereno o el recolector de basura. Como prueba de lo importante que era este oficio en la cultura inglesa, Charles Dickens los menciona en su obra “Grandes Esperanzas” de 1861. Como anécdota, se presume que dos “despertadores humanos” encontraron el cuerpo de Mary Nichols, primera víctima de Jack el destripador, en los asesinatos de Whitechapel.
La desaparición de este oficio empezó en la década de 1920 con la expansión de la electricidad y el bajo costo de los despertadores mecánicos; aunque hubo pueblos en los que persistió hasta los años setenta.
¿Creen ustedes que, si hoy se conservara este oficio, los burócratas con sueldos dorados llegarían a tiempo a sus trabajos o se asomarían bravitos a la ventana a gritar que les dejen dormir un ratito más? (O)



