Ecuador ha sido bendecido con una riqueza natural y cultural extraordinaria. Desde los páramos andinos hasta la Amazonía, desde las playas del Pacífico hasta las Islas Galápagos, nuestro país ofrece una diversidad única que ha convertido al turismo en una de las actividades con mayor potencial para generar empleo, bienestar y desarrollo.
Pero, durante los últimos años, el turismo ecuatoriano ha enfrentado importantes desafíos: la inseguridad, las alertas internacionales, la desinformación con una visión incompleta de la realidad del país y la falta de una planificación turística sostenida.
Esta ausencia de políticas justas no permite armonizar el crecimiento económico con: la conservación ambiental, la protección del patrimonio cultural y el bienestar de las comunidades anfitrionas. Nos obliga a preguntarnos: no en cómo atraer más turistas. Sino, ¿qué tipo de turismo queremos construir para el futuro?
Durante décadas hemos medido el éxito turístico en función del número de visitantes, las noches de hospedaje o las divisas generadas. Pero, cada vez resulta más claro que un crecimiento, por sí solo, no garantiza desarrollo.
Cuando el turismo se convierte en un negocio sin sentido, vemos comunidades desplazadas por el aumento descontrolado del valor de la tierra y de los alquileres. Recursos naturales deteriorados por proyectos mal planificados. Espacios públicos privatizados. Tradiciones culturales transformadas en simples productos de consumo.
El turismo con propósito, propone una visión diferente: un turismo que genere prosperidad, pero también bienestar social; que proteja los ecosistemas que nos sostienen; que valore la cultura local sin convertirla en mercancía y respetando los derechos de quienes han habitado y cuidado los territorios durante generaciones.
Un ejemplo: al igual que miles de ecuatorianos de la Sierra; los cuencanos, hemos encontrado históricamente en las playas de Santa Elena y otros destinos costeros espacios de descanso, encuentro familiar y conexión con la naturaleza. Así como turistas nacionales y extranjeros que buscan en las comunidades ecuatorianas autenticidad, hospitalidad y experiencias genuinas.
Por ello un turismo con sentido y propósito debería concientizar para respetar leyes, normas locales, procesos comunitarios y culturales. La inversión privada puede aportar al desarrollo, pero nunca debe imponerse sobre los derechos colectivos, los espacios públicos, los recursos naturales o las formas de organización locales. (O)










